intervencionismo moral

El dilema de la educación dogmática. La solución sugerida e implantada deja mucho que desear. Es una simple sustitución de unos dogmas buenos por otros no tan buenos.

El tema central

En lo que sigue quiero examinar una idea que ha sido aprobada sin mucho pensarlo —la propuesta de que la educación no debe ser dogmática.

Sostener que una buena ocasión debe carecer de dogmas es considerado un avance, un signo del progreso. Esto es algo que sorprende, porque en realidad es una propuesta tan vaga que no tiene significado.

¿Qué significa al final de cuentas ‘dogma’? Dejar sin contestar la pregunta es igual a decir nada o muy poco —con un problema adicional.

El de decir que la educación no debe ser dogmática puede ser interpretado en realidad como otro dogma, y la propuesta se destruye así misma.

Ese es el dilema de la educación dogmática

Lo que la propuesta de la educación no dogmática dice es que en realidad la educación no debe incluir algunas ideas, pero sí debe incluir otras.

¿Cuáles ideas? Eso se deja sin especificar y significa que queda a criterio de alguien. De quien esté a cargo de la educación.

El dilema de la educación dogmática es el de las ideas a retirar de la educación y de las ideas a incluir en ella.

Las ideas que sean prohibidas y retiradas del contenido educativo, son las acusadas de ser dogmas inadmisibles. Y las ideas que sean incorporadas al contenido educativo, por supuesto, son las no consideradas como dogmas, sino como ideas que representan avance y progreso.

Todo dependerá de quién lo decida. De ese que enfrentará al dilema de la educación dogmática y propondrá una solución en concordancia con sus propios dogmas.

La educación siempre es dogmática

Desde hace ya algunas décadas quienes han decidido el contenido educativo han tomado esa decisión —la de distinguir y separar lo que ellos consideran dogmas aprobados y desaprobados.

Lo que ha sucedido en realidad es que quienes han tomado esa decisión han retirado lo que ellos piensan son dogmas, para incluir ideas que ellos piensan no son dogmas —aunque en realidad sí los sean.

Lo que sucede es que el dilema de la educación dogmática es solucionado erróneamente por tratarse de una mera sustitución de dogmas. Los aprobados por el «censor» sustituyen a los deseados por él.

Es lo que argumentó Chesterton: la educación es siempre dogmática y eso no puede evitarse.

La educación pública: ejemplos de dogmas

La educación actual, especialmente en las escuelas públicas, y en muchas universidades,  también en realidad sus propios dogmas, sus ideas preaprobadas.

Algunos de los dogmas de la educación que presume de no tenerlos son los siguientes, lo que solo en apariencia soluciona el dilema de la educación dogmática.

Colectivismo sí, personalismo no

La educación actual enfatiza una visión colectivista de la sociedad por encima de una visión de la persona individual.

Dice al alumno que se entienda a sí mismo como parte de un grupo, no como una persona que tiene una identidad propia y separada. El uso frecuente del término ‘social’ es muestra de esta mentalidad.

Conflicto sí, colaboración no

La educación actual enfatiza la división social en grupos que tienen intereses antagónicos —mujeres y hombres, obreros y patrones, ricos y pobres.

Con esto, promueve el concepto de lucha social en oposición a la idea de colaboración entre ciudadanos.

Gobierno sí, libertades no

Promueve también las bondades de un gobierno grande responsable del cuidado de la vida integral de las personas, haciendo de lado la posibilidad de regímenes con gobiernos pequeños donde las personas son responsables de su propia vida.

La educación actual es partidaria del intervencionismo económico, promoviendo la idea de que los gobiernos tienen la capacidad para planear a la economía — y hace de lado la alternativa de la iniciativa individual de trabajo y la libertad económica.

Materialismo sí, espiritualidad no

Enfatiza una naturaleza humana totalmente materialista, ignorando la dimensión espiritual del ser humano.

Esta educación es una promotora del ateísmo y ataca consistentemente a cualquier religión cuyas creencias suelen calificar de supersticiones.

Tolerancia sí, razón no

Promueve también la aceptación indiscriminada de ideas políticamente correctas, impidiendo al alumno utilizar su poder de razonamiento para examinar esas ideas

Es el síndrome de la mente abierta a todo sin importar la calidad de lo que se dice.

Reclamos sí, obligaciones no

Hace entender al alumno que los derechos humanos son reclamos de concesiones gubernamentales, olvidando que los derechos tienen una contrapartida de la responsabilidad personal.

Relativismo sí, valores universales no

Instruye al alumno en la diversidad, como relativismo moral, afirmando que no hay normas universales. Es el síndrome de la tolerancia irrestricta que anula el poder de razonamiento.

Sexo sí, autodominio no

Enseña al alumno que la liberación sexual es un derecho al placer sin responsabilidades, olvidando el concepto de control personal.

En resumen

Lo que he intentado hacer en lo anterior es mostrar que la propuesta de que la educación no debe ser dogmática produce en la práctica la sustitución de unas ideas por otras —acomodándose por tanto, a la mentalidad e ideología de quien decide el contenido educativo.

El dilema de la educación dogmática ha sido solucionado por medio de una sustitución de dogmas. Y los dogmas que inculca son inferiores a los sustituidos.

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