Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación: Tres razones
Eduardo García Gaspar
5 octubre 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


¿Para qué se va a la escuela? ¿Cuál es la razón por la que debe estudiarse?

Preguntas como estas y similares fueron el tema de una animada discusión hace ya tiempo. Comparto con usted los puntos culminantes de la conversación.

• Para hacer que las personas se valgan por sí mismas, para que sean independientes y libres. Esta fue quizá la causa más clara que justifica el estudiar. Tiene varias facetas.

La más clara es el lograr una capacidad que permita ser económicamente independiente: ganar dinero, ser autónomos, vivir lo mejor posible. Pero sobre todo, ese orgullo que tiene quien se vale por sí mismo.

• Para hacer que las personas sean sabias, una meta no siempre entendida, pero que significa tener una sana combinación de cultura y sentido común.

Por cultura puede entenderse esa serie de conocimientos necesarios para el ser humano. «Desde conocer los nombres de los huesos hasta los principales hechos de la historia universal y del país propio, con siquiera ideas esenciales de geografía y nociones de arte», dijo una persona.

Otro dijo: «Saber razonar, pensar, escribir con claridad, más un vocabulario aceptable y conocimiento mínimo de reglas de lógica y filosofía, con habilidad para comprender, explicar y resumir». Me imagino que esto produzca personas con menos probabilidad de ser engañadas.

• Para tener bases sólidas de convivencia, lo que una vez definido fue bastante más allá del concepto actual de tener un estilo democrático de vida «basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad».

Es mucho más que eso, es el desarrollo de la conciencia. Educar para saber distinguir entre lo bueno y lo malo; entre lo que debe y no debe ser. Es lo que se llama moral y ética y que primero se recibe en casa, pero que en la escuela tiene un apoyo académico.

La ambición final de esta razón de la educación es la virtud, la conversión de las buenas acciones en hábitos arraigados, sustentados en una conciencia sólida.

Fueron eso los tres puntos centrales que surgieron claramente durante la conversación, pero hubo otros, menos centrales, que merecen ser expuestos.

Evitar el error de enfatizar lo práctico técnico olvidando lo abstracto teórico. El caso del ingeniero que no sabe nada de historia, arte, geografía, política; los casos de ignorantes generales con especialidad. Cometer este error es convertir a las universidades en fábricas de robots.

Fue, me parece, vital hacer entender que la educación no se suspende nunca y que lo único que cambia es el sitio en el que se aprende. Antes era un salón de clase y después es en todas partes, lo que solamente hará quienes tengan curiosidad intelectual y amor por el conocimiento. Pocos son más viejos que el alumno que termina su educación pensado que ya nada más tiene que aprender.

Hubo un punto un tanto dramático, cuando se habló de los medios mediante los cuales llega la información. Fue exaltada la lectura como un hábito que, en caso de perderlo, tiende a llevar a la ignorancia que produce sustentar el conocimiento propio en documentales de televisión.

Pero el dramatismo llegó a su clímax con otro comentario contundente: no todos quieren estudiar, no todos quieren saber, no todos tienen capacidad para hacerlo. No creo que haya otra opción que aceptar esta realidad. Todo un problema, especialmente para la idea de igualdad de oportunidades.

Se habló del viejo problema de la educación dogmática y el remedio acostumbrado, y tonto, de quitar clases de religión y olvidarse de los clásicos. Lo que se dijo apuntó a algo más serio, la aceptación de que la verdad existe y que su conocimiento debe buscarse porque sin la aceptación de la verdad la educación deja de tener sentido.

Lo del «olvido de los clásicos», dijo uno, produce soberbia generacional, que es la mentira que supone que las generaciones anteriores estaban formadas por personas estúpidas que nada sabían en comparación con los jóvenes actuales. Tener un sentido del talento deslumbrante de tantos en el pasado, ayuda a tener una sana humildad presente.

Por mi parte, creo que eso que llamamos educación nunca termina y que buena parte de la educación académica y familiar que debe darse debe contener esa idea, de manera que la persona continúe por sí misma educándose.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras