Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Filósofo Feo, Fastidioso
Eduardo García Gaspar
28 abril 2016
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Se le llama «vida examinada». Una idea muy vieja,.

Es de Sócrates y tiene un origen negativo: la vida que no es examinada no merece ser vivida. O, del lado opuesto, la vida que merece ser vivida es la que se examina.

Quizá en nuestros tiempos no se entienda lo revolucionario que fue decir eso.

Sócrates, me imagino, abrió así la puerta a la reflexión moral; al examen de la propia vida. No está mal que quien piensa examine al mundo y a lo material que le rodea, pero eso no debe permitir el descuido de lo que tenemos dentro. El alma, como le llamada Sócrates.

Y de allí salen nociones fascinantes, de virtud, justicia, verdad, deber ser, amistad, sabiduría… Una buena idea de lo que es la vida examinada (Frank Redmond, 2006):

«[…] es justo decir que la vida examinada es una vida inmersa en la conversación, tanto con otros como uno mismo. Más aún es una lucha… una vida vivida en busca de lo “bueno”. La vida examinada se preocupa de la “verdad” y la “bondad” de las cosas. Porque de esta forma, una persona puede llegar a descifrar lo que es bueno y lo que es malo y tomar las decisiones apropiadas. Sin instrucción adecuada, sin control de uno mismo, el hombre siempre caerá en el abismo de la persuasión y el placer, lo que aleja a uno de lo que es la vida examina».

La idea es genial y tiene siglos, cinco antes de Cristo. La vida que merece vivirse es la que tiene una constante de diálogo racional, que busca la verdad, lo bueno, con otros y con uno mismo. La aspiración es alta, elevada, lleva a la acción en busca de ideas como virtud, justicia, libertad…

En nuestros tiempos, estas ideas seguramente parecen traídas de un mundo alejado e incomprensible. La vida examinada, me imagino, en estos tiempos, traerá a la mente la imagen de un sillón en el que recostado el paciente cuenta sus más íntimos relatos a un psiquiatra. Y este buscará una curación «científica» a los males de paciente.

La vida examinada, un ejercicio racional, se ha convertido en una terapia medicinal. Peor aún, una terapia que retira de la vida posible toda aspiración elevada que juzgue insana; que busca comodidad antes que lucha. Una terapia que quiere hacer filosofía moral.

Es la sustitución de Sócrates con Xanax, de Platón con Prozac.

No es que no sirva esa terapia, sino que se ha exagerado, creyendo que faltas morales son o no enfermedades.

En fin, quizá nuestros tiempos estén muy necesitados de recordar la idea original de la vida examinada, es conversación propia y ajena que tiene aspiraciones, que eleva y que busca encontrar el sentido a la vida.

Una forma de hacer esto, de examinar la naturaleza humana y, por supuesto, su moralidad, es pensar y hablar y actuar sobre

«la relación que existe entre lo que soy, lo que puedo ser, lo que quiero ser y lo que debo ser». (MacIntyre, Alasdair C. 1998. The MacIntyre Reader. Univ of Notre Dame Press)

Y quizá de esta manera podamos darnos cuenta de que, primero, no tenemos claros esos conceptos de ser, poder ser, querer ser y deber ser. Porque nuestros tiempos están más dominados por la idea de que todo lo que es ser equivale a hacer lo que se quiera. Es el olvido de poder ser, de deber ser.

Eso es como navegar sin brújula para llegar a un destino sin determinar, por lo que no importa la ruta ni el punto de arribo. Es el reino de la voluntad propia, la que sea y que tenga fuerza para realizarse. El criterio central, por tanto, es la fuerza y en ella no tiene cabida el deber ser que orienta al poder ser.

Lo que digo no es original. Otros lo han señalado. Creo que nuestros tiempos sufren de un desorden moral, de un caos ético.

Algo en el que todo intento de establecer lo debido se contenta con Emotivismo: no hay aseveraciones morales verdaderas ni falsas y lo más que ellas expresan son preferencias, gustos, o emociones personales sin posibilidad de análisis racional.

Post Scriptum

Lo anterior tiene consecuencias de largo alcance. En el terreno de la política produce con gran facilidad gobiernos totalitarios, esos que no se satisfacen con dar órdenes quitando libertad a los ciudadanos, sino que pretenden también dominar sus conciencias y persuadirlos de que esa pérdida de libertades es buena para ellos.

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