Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Cuatro Olvidos
Eduardo García Gaspar
17 mayo 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Vayamos al grano. Digamos la verdad. Estamos sin duda en ese momento.

El momento cuando decir la verdad resulta ser un acto revolucionario, como afirmó George Orwell. Es decir, estamos en tiempos de engaños universales.

Es posible comenzar con algo escrito por Ortega y Gasset (1883-1955):

«Este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos».

De seguir en la misma dirección, los gobiernos absorberán a la sociedad entera. Crecen ellos a tasas superiores a la población y al crecimiento económico. Y ya que nada producen, llegará el punto de imposibilidad de sobrevivir.

¿Por qué? Una de las razones en la existencia de creencias que se toman como incuestionables; una especie de dogmas indisputables que están arraigados en la cultura que predomina.

Ejemplos de esas ideas: todas las culturas valen lo mismo; todo es relativo; si se cambian las estructuras sociales se cambiará a la persona; la pobreza sigue creciendo; el mayor problema es la desigualdad; y otras más, entre las que destaca una: el gobierno debe crecer y hacerse cargo del bienestar personal (aunque en realidad sea a tasas insostenibles).

¿No me cree? Lea esta cita de una página oficial del gobierno mexicano:

«Ahora bien, la ampliación de los derechos civiles y políticos a capas cada vez más amplias de la población, como los analfabetas, los asalariados, los campesinos, los grupos étnicos, los jóvenes y las mujeres, presionó para que el Estado, originalmente mínimo, se ampliara para dar respuesta a las demandas que formularon esos grupos […] Así nació el Estado social…»

La respuesta a «las demandas» de diversos sectores es el crecimiento del gobierno. El significado real es horrendo: el gobierno se hará cargo de tu vida. Esta es la idea que, desnuda, es considerada inapelable y axiomática.

Llego ahora a algo que creo que merece una segunda opinión: las razones por las que el crecimiento desproporcionado de los gobiernos se ha convertido en un doctrina que no admite discusión.

Pero antes apunto una situación fascinante: los resultados en el bienestar de las personas producidos por el crecimiento gubernamental son malos, y en muchas ocasiones, realmente malos. Es curioso que a pesar de este pésimo historial, sobreviva la creencia en hacer crecer al gobierno para vivir mejor (cuando lo contrario es la verdad).

Vayamos a las razones que han elevado a nivel de dogma esa idea. Voy a mencionarlas entendidas como olvidos:

1. El olvido de la razón y el predominio del sentimentalismo. Cuando todo se convierte en afectos y emociones, la razón sale por la ventana; y nada más puede contar que las buenas intenciones.

Así se llega a la conclusión de que para que todos vivamos mejor el gobierno debe crecer, justificando eso solo por medio del propósito, sin detenerse a considerar si esa manera de hacerlo es la adecuada (recuerde a Bernie Sanders, a B. Obama, a Hillary Clinton).

2. El olvido del trabajo y el predominio de la recompensa fácil. Cuando la buena vida se convierte en la esperanza de que el gobierno haga algo por mí, la noción del esfuerzo es abandonada. Comienzo a adorar a mi benefactor.

Se llega así a la conclusión de que para que todos vivamos mejor, debemos ampliar el número de derechos y que el gobierno es el único capaz de otorgarlos. Toda idea de responsabilidad es abandonada.

3. El olvido de la imperfección humana y el predominio de construcción de sociedades perfectas a través del cambio de estructuras económicas. Se cree que cambiando de un régimen económico a otro, por ejemplo, el Socialismo del Siglo 21, se tendrá una utopía realizada.

4. El olvido de las ideas judeo-cristianas y el predominio de la secularización. Cuando nos olvidamos de la inutilidad de buscar el cielo en la tierra, comenzamos a pensar en otra divinidad, el gobierno y las causas progresistas que estén de moda.

La necesidad de creer, la condición de homo religiosus, no se pierde. Simplemente se transfiere a otro sujeto superior, en este caso, el gobierno.

Estos olvidos son, me parece, la razón subyacente por la que sobrevive la idea de que la expansión gubernamental nos dará una mejor vida. La creencia es extremadamente enclenque y frágil. Sobrevive por esos olvidos.

Post Scriptum

La cita es de Ortega y Gasset, José. 1993. La Rebelión de las Masas. Planeta-Agostini. Poco después de ella, el autor escribe:

«La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre para la máquina del gobierno. Y como a la postre no es sino una máquina cuya existencia y mantenimiento dependen de la vitalidad circundante que la mantenga, el Estado, después de chupar el tuétano a la sociedad, se quedará hético, esquelético, muerto con esa muerte herrumbrosa de la máquina, mucho más cadavérica que la del organismo vivo».

Esta es una forma de pronóstico: el camino por el que anda el gobierno excedido que no deja de crecer, conduce a un escenario insostenible.

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