Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Olvido Del Liberal
Leonardo Girondella Mora
1 diciembre 2016
Sección: ETICA, LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Quienes defendemos a la libertad en contra de los ataques de las mentalidades socialistas, comunistas, intervencionistas, dictatoriales, totalitarias y el resto de ellas, deseamos proteger:

• La libertad política, lo que equivale a la defensa de sistemas demócratas y republicanos que promueven gobiernos limitados y bajo estricto control.

• La libertad cultural, lo que equivale a las libertades de expresión, educación, religión, opinión, arte y demás, que colocan a estas áreas fuera del control político.

• La libertad económica, lo que equivale a la libertad de trabajo, producción, innovación empresarial, venta y consumo, en un ambiente libre de interferencia gubernamental.

El común denominador entre esos tres puntos es el natural para el Liberalismo, la libertad humana —algo considerado como el mayor valor humano, y que debe defenderse donde existe, o tratarse de implantar donde no existe.

Esta defensa de la libertad, sin embargo, tiene un problema de comprensión entre los mismos liberales —o al menos eso pienso cuando veo tantos casos en los que llega a defenderse cualquier acto si es que este se realiza con libertad completa.

Este el el tema que quiero abordar en lo que sigue.

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¿Es la libertad el poder hacer lo que la persona quiera, sea lo que sea? Incluso el más radical de los liberales respondería que no porque entendería que el acto libre de robar un banco no es bueno —aunque sea realizado en total libertad por el ladrón.

Esto es lo que ha llevado a pensar en el principio de no afectar la libertad ajena —concluyendo que todo acto libre es bueno con tal de que no afecte la misma libertad que otros tienen. La idea es la de igual libertad para todos y eso prohibiría robos, asesinatos y similares.

El principio de no dañar a otros, sin embargo, parece incompleto porque deja abierta la posibilidad de considerar aceptable la libertad de la persona para dañar a su propia libertad —una situación incongruente: no poder dañar a otros pero poder dañarse a uno mismo.

La respuesta liberal más común es pragmática:

(1) el gobierno debe intervenir para evitar que la acción de uno dañe la libertad de los otros —es la prohibición y castigo de robos, fraudes, asesinatos y similares;

(2) el gobierno no debe meterse en los actos decididos por voluntad libre de ambas partes, como la prostitución y la compra-venta de drogas;

(3) el gobierno tampoco debe intervenir en actos propios que dañan a uno sin lastimar a otros, como el no usar cinturón de seguridad.

Es decir, la mentalidad liberal que he visto repetidamente se enfoca totalmente en su preocupación sobre la posible interferencia gubernamental en la vida de las personas y que les limite su libertad, pero no pone atención en el otro campo, el de la propia persona comprendiendo límites de su propia libertad para continuar siendo libre.

Un ejemplo puede ilustrar esto. Para el liberal, el gobierno no debe impedir la venta y el consumo de drogas, que son actos libres entre personas, o bien, tampoco debe prohibir la prostitución, cuando ella es el resultado de actos libres de mutuo acuerdo.

Poniendo toda su atención en detener las prohibiciones gubernamentales de ese tipo, con frecuencia he visto que la discusión se detiene allí —no llega a discutir si el consumo de drogas es bueno o malo per se, solamente dice que el gobierno no debe meterse en eso.

Esta es la dimensión del liberalismo que quiero tratar, el punto al que quiero llegar: poniendo toda su fuerza en limitar a los gobiernos su poder para anular con leyes a las libertades personales, se olvida de lo que hay más allá de la ley.

Y eso presenta un problema serio para los liberales: el consumo de drogas o la prostitución, por ejemplo, ¿son algo bueno, malo, o irrelevante para el liberal? La ley no lo debe prohibir, pero falta responder si la persona misma debía libremente prohibírselas a sí misma.

El tema es de naturaleza abstracta. ¿Es la libertad la capacidad para hacer lo que se quiera, bueno o malo, cuando no se daña la libertad ajena? Dependiendo de la respuesta, podría concluirse que:

• Consumir drogas personalmente es moralmente bueno cuando eso se hace voluntariamente —o, lo opuesto, hacer eso es moralmente malo aunque se haya realizado con entera libertad.

• La prostitución es una actividad moralmente positiva cuando ella es una opción tomada con entera libertad —o, lo contrario, esa profesión es moralmente indeseable sin importar que se practique con libertad completa.

Es la respuesta a este tipo de preguntas lo que yo creo que el liberal ha olvidado.

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Todo lo que he tratado de hacer con lo anterior es apuntar un olvido del liberal, el que preocupado con la tarea de defender a la libertad de los ataques gubernamentales, ha puesto toda su atención en aspectos legales —y se ha olvidado de la posibilidad de que haya acciones tomadas en entera libertad y que sean contrarias a la misma libertad personal.

Nota del Editor

El tema de su la libertad es o no la posibilidad de hacer lo bueno y lo malo tiene ya su tiempo, al menos desde el siglo 11 con san Anselmo:

«Una persona no es propiamente libre por tener la capacidad de hacer lo que quiera, sino lo que debe. Esta es la tesis principal de Anselmo en relación con el tema de la libertad».

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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