Nueva religión oficial

Una creencia personal. Pienso que la religión, la creencia en lo sobrenatural, tiene mucha importancia en cualquier sociedad.

La religión es un lazo de unidad, que crea comunidad de creencias, costumbres, ideas. Más aún, afina conciencias de quienes son libres, haciéndoles pensar en que hay cosas que pueden hacer, pero que no deben hacer, como pensaba A. Tocqueville (1805-1859).

No tiene eso como consecuencia la pertenencia obligatoria a una religión, ni impide el pensamiento independiente y opositor. Esto es libertad religiosa.

La posibilidad de «declarar nuestras creencias sin violencia que amenace a quienes no las comparten» y sin que sea más que un reclamo de la posibilidad de hacerlas conocidas a otros, como escribió R, Scruton, con mucha razón.

Piense usted en esta situación. Los creyentes de la religión A usan ciertos símbolos en su vestimenta, impartes cursos de su religión y tienen templos visibles que dan a la calle. Los creyentes de la religión B solicitan a la autoridad que se les impida a los miembros de la religión A usar esos símbolos, dar esos cursos y ocultar los símbolos públicos.

¿Tiene sentido esa petición de limitar a la religión A por parte de la religión B? Realmente no. Supondría que el gobierno ha adoptado a la religión B como la oficial y la está imponiendo, no muy diferente a la idea detrás de las prohibiciones religiosas de hace siglos.

La solución de esos conflictos es la libertad religiosa. Esa posibilidad de declarar creencias que no sean amenazas a otros pero que pueden ser conocidas por ellos. Esto significa la colocación de los deberes ciudadanos y su consecuencia religiosa: permitir manifestaciones religiosas que no sean amenazas a otros y que se realicen en libertad igual para todos.

Algo que incluye a los ateos, quienes al final de cuentas tienen creencias religiosas de cierto tipo y que también tienen la misma libertad de manifestarse.

Esto funcionaría razonablemente bien, con conflictos posibles de solucionar. Es el imperio de la ley que hace a la libertad igual para todos. Pero que complica los problemas cuando sucede algo nefasto.

Cuando alguna de las religiones pide privilegios al gobierno y que le ponen en ventaja legal frente a las demás. Esto es, más o menos, la adopción de una religión pública, patrocinada por el gobierno y a la que da un estatus oficial.

La historia de religiones oficiales, impuestas por medio de la fuerza gubernamental, es amplia y no un asunto de hace siglos. Existe en nuestros días en dos modalidades.

Una es la de los estados teocráticos, con persecución de otras religiones, o al menos, severas limitaciones, como en Afganistán, Arabia Saudí, Corea del Norte, Irak, Nigeria, Siria y Somalia. Los datos del Informe de Libertad Religiosa dan un panorama amplio de este tipo de situación.

La otra modalidad es menos obvia y no sucede en estados teocráticos, sino en algunos de esos que suelen presumir tener un gran respeto de los derechos humanos. Es una curiosa mezcla de derechos humanos, laicismo y diversidad cultural que lleva a decisiones políticas llamativas, como:

«Un alcalde francés: “Se permite el burkini en verano, y se prohibe el Belén en Navidad”» actuall.com

La censura a la libertad religiosa, en esta modalidad, interpreta al laicismo como la privación de las manifestaciones de la religión propia, es decir, cristiana, adoptando como religión oficial impuesta al ateísmo, pero dada su fijación multicultural, promueve alguna religión minoritaria, como el Islam.

Por ejemplo, un caso que causaría conmoción si fuera al contrario y se obligara a los alumnos a llevar un crucifijo colgado del cuello:

«Cincuenta y nueve escuelas en el Reino Unido ya obligan a las niñas a vestir hijab». actuall.com

En fin, mi punto es claro. Aún hay serias limitaciones de la libertad religiosa y ellas no suceden solamente en países teocráticos.

Se tienen también en países que presumen ser civilizados y, sin darse mucha cuenta, limitan a la libertad religiosa con una mezcla extraña de derechos humanos, laicismo y diversidad cultural. Y que es contradictoria en sí misma.

Post Scriptum

La cita original de R, Scruton

«Declaring our beliefs without threatening violence to those who do not share them, and without wishing to claim anything more than the space to make them known, is one of the hidden premises of citizenship as we have come to understand it». Scruton, Roger. How to be a conservative (Kindle Locations 2717-2718). Bloomsbury Publishing. Kindle Edition.

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