Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Deja a Las Personas Hacer
Eduardo García Gaspar
18 junio 2010
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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La petición es más o menos parte del paisaje cultural de estos tiempos de ideas chatarra. Una nota de El Universal (4 junio 2010) reporta que

“La presidenta del Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM) , Carmen Lucía Pérez Camarena, subrayó la necesidad de que exista ‘cuota de mujeres’ en el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (IEPCJ).”

Lo primero llamativo es lo impronunciable de las siglas de esos organismos, no hay persona que pueda recordarlas.

Lo segundo es esa propuesta, la de una cuota de mujeres, en un organismo estatal. Concretamente se dijo que se solicitarán un mínimo de dos mujeres en cada uno de los procesos que sean atendidos por ese Instituto Electoral, lo que será de beneficio para las mujeres. No puso como requisito su capacidad.

Muy bien, entonces estamos frente a frente con una idea políticamente correcta, lo que significa que quien la critique será merecedor de calificativos negativos… una tentación imposible de resistir. Por supuesto, esta petición es una de muchas de igual naturaleza. Durante años se han escuchado.

Su punto de partida es el de la no representación. Se solicita un número de integrantes de un grupo no representado en algún organismo o sector, el que sea. Por ejemplo, número de mujeres en cámaras legislativas. O bien, en profesiones selectas, o cualquier otra cosa similar.

Es un argumento de representación reducida de un grupo social, en este caso mujeres, o en otros casos, aborígenes, o el grupo que a usted se le ocurra. La base intelectual es la de hacer representativos a los organismos. La justificación es débil porque da entrada a los reclamos de otros grupos no representados.

Quizá quieran su representación los pelirrojos, los artistas y cantantes, los habitantes rurales, los niños menores de diez años. La lista es interminable y cada grupo tendría la misma justificación de ser representados en un organismo. Sería imposible lograrlo y una pérdida de tiempo intentarlo.

Peor aún, habría un problema de justicia. ¿Por qué las mujeres sí tienen representantes en ese organismo y no los poetas, o los ingenieros, o los vegetarianos? El error es de raíz: la selección de personas para formar un organismo depende de la adecuación de esas personas a las funciones y objetivos. Establecer cuotas forzadas puede llevar a rechazar candidatos mejores.

Hay otro punto de partida para exigir una cuota de mujeres obligatoria en organismos. Se parte de la idea de grupos oprimidos, que son víctimas de otros grupos y a los que debe compensarse. En este caso, algunos consideran a las mujeres como un grupo oprimido que necesita ser compensado con beneficios adicionales.

Es una manera errónea de entender el problema por una razón: se fundamenta en culpas colectivas. En este caso, todos los hombres son acusados y encontrados culpables, sin juicio, de oprimir a las mujeres, a todas ellas. Es una acusación falsa. Las culpas sólo puede ser personales, no colectivas.

El argumento de opresión es parte del movimiento feminista que tiene muchas y muy variadas facetas, algunas realmente extremas y que no trato. La demanda general parte de realidades. Por ejemplo, la usual queja de que los cirujanos son en su mayoría hombres, lo que se juzga injusto. Debería haber igual número de cirujanos mujeres y hombres.

De nuevo, hay un error en el razonamiento. Si hay más cirujanos hombres, debe buscarse la razón, la que seguramente viene de una gran cantidad de decisiones personales acumuladas de mujeres libres que han preferido otras profesiones en las que, quizá, encontremos un número desproporcional de mujeres.

Piense usted en esta posibilidad, la de forzar un número representativo de cirujanos mujeres, o de pilotos de avión. Una ley fuerza a que un hospital contrate a igual número de cirujanos de cada sexo. El hospital tendría que despedir a cierto número de hombres cirujanos no por otra causa que el haber nacido hombres. No sería justo.

Hay una solución limpia y clara, la de dejar a cada persona la decisión de su profesión, la que sea, y que por sus propios méritos llegue a las posiciones que pueda alcanzar. Se trata de dejar libres a las personas, de que opere la espontaneidad de sistemas no forzados artificialmente. Con con la idea de ser justos en la superficie, cometen injusticias de fondo.


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