Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Quemar Cosechas, Cultivar Ideas
Leonardo Girondella Mora
16 marzo 2011
Sección: ECONOMIA, FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La historia es muy cierta —sí hubo casos en los que comestibles, como papas, naranjas y cerdos, fueron destruidos con la intención de aumentar sus precios o al menos de evitar que descendieran.

Sin embargo, la historia se ha convertido en un mito muy usado, todo un clisé, para criticar la conducta de muchos empresarios, agricultores grandes que sin piedad prefieren destruir sus cosechas para evitar que los precios bajen.

Es usual que se repita una y otra vez como crítica de un sistema injusto de fijación de precios y de abusos de productores de alimentos —el caso es siempre asignado a situaciones agrícolas y tal vez de animales.

En lo que sigue exploro la historia, o mito, en un afán de añadir algo más de profundidad al caso —y proponer que no es una historia con mucho sentido.

• El que la historia hable siempre de productores agrícolas o de campo en general señala algo digno de mencionar —no existen casos narrados en otros sectores y eso es llamativo. No se cuenta la misma historia para, por ejemplo, la industria del vestido, la que rebaja precios de temporadas anteriores.

Hasta donde conozco, los fabricantes de vestidos no tiran sus productos a la basura para elevar los precios del resto de sus productos —aunque es verdad que hay casos aislados de fraude por incendio intencional de inventarios pasados de moda.

La regla general es reducir los precios de productos no vendidos para hacerlos más atractivos y venderlos en mayor cantidad. Ni sus productores, ni las tiendas, por ejemplo, queman artículos navideños en enero —más bien, los reducen de precio, en ocasiones, a niveles muy bajos.

¿Por qué la historia se cuenta sólo en el caso de la agricultura y no en otros sectores? Hay antecedentes que la sostienen, como en el caso de políticas en tiempos de la Gran Depresión, cuando cosas como esas realmente acontecieron para evitar caídas en los precios que el gobierno temía.

• Un productor aislado, decidiendo por sí mismo, seguramente tomaría otro curso de acción —sería mejor vender su cosecha total al precio que fuese teniendo un beneficio personal, que confiar en que el resto de los agricultores también quemaran sus cosechas y no las vendieran al cualquier precio.

Es un asunto de confianza en una conducta general: si un agricultor quema sus cosechas para elevar los precios de sus cultivos, la única manera de que se logre un precio mayor es que todos o casi todos los demás las quemen también —y es dudoso que eso suceda.

Pero sí podría suceder si el no quemarlas es una conducta castigada y penalizada —el único que puede hacer eso es la autoridad, multando al agricultor que no lo haga y prefiera vender al cualquier precio.

La ocasión de quema de cosechas es un incentivo para no hacerlo uno mismo —con cada agricultor quemando sus cosechas, el precio de las del resto se eleva un poco y eso es un motivo para no quemarlas. Sólo con una amenaza se uso de fuerza se haría y a regañadientes.

• Si el quemar cosechas o acciones similares se realizan dentro de una situación de libre comercio, se dañarían los mismos productores —ellos enfrentarían competencia del exterior con productos a precios menores.

• El quemar cosechas es atractivo solamente para los productores menos eficientes y que tienen menos capacidad para enfrentar reducciones de precios —los agricultores más eficientes tendrían menos beneficios con precios más bajos y no estarían interesados en quemar sus cultivos, al contrario.

Imagino que consideraciones como las anteriores —y otras posibles— arrojan dudas muy serias sobre la historia que supone que se trata de una costumbre establecida y una práctica común. Hay evidencias y razonamientos que la hacen incierta.

Y a eso puedo añadir que la historia de quema de cosechas, que es muy rica en imágenes de naranjas podridas a la orilla de un camino, es posible y ha sucedido solo bajo una condición externa a la decisión del productor: el que él se vea forzado a hacerlo por un agente con fuerza suficiente para obligarlo. Todo un clisé.

Addendum

Debo agregar que sí pueden existir acciones especulativas por parte del productor de cualquier bien —ya que sobre sus cálculos del futuro decide la cantidad a producir y puede equivocarse, lo que le presente oportunidades de acumular producto en lo individual sin ponerlo a la venta.

Pero eso incentivará a otros a aprovechar la subida de precio que ha ocasionado la conducta de ese agricultor y dañará al que ha decidido no vender.

Nota del Editor

Hay más idea sobre el tema en ContraPeso.info: Precios y en ContraPeso.info: Clisés.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras