Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Nuevos Ungidos
Eduardo García Gaspar
31 enero 2012
Sección: ETICA, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


De nuevo surge la idea. Ahora con una apariencia distinta.

La idea permanece, lo que ha cambiado es su disfraz. Me refiero a la noción de la obediencia ciega a la autoridad.

Para explicarla, tenemos que ir hasta los tiempos de Calvino y Lutero. El siglo 16.

Los dos coincidían en una manera de entender a la autoridad: ella debe ser obedecida de manera pasiva. No puede resistirse a la autoridad y si eso se hace, sería equivalente a ir en contra de la voluntad de Dios.

Una actitud aún más intensa que la justificación del monarca como nombrado por Dios.

El fondo de la idea es claro. La autoridad, el monarca y sus mandatos, está fuera del dominio humano.

No tiene sentido discutir asuntos de política, ni examinar decisiones de gobierno. Si acaso se tiene una sugerencia, lo más que puede hacerse en pedir permiso a la autoridad para expresarla. La autoridad se hará cargo del resto.

¿Y si el gobierno es un malo y déspota? Debe ser aceptado sin chistar. Puede ser un castigo divino.

La autoridad está para ser obedecida, jamás retada ni cuestionada. La autoridad sabe más, es inviolable. La idea, poco a poco, se desgastó. Iba contra el sentido común, llevaba a situaciones incomprensibles, colocaba el bien común en manos del capricho monárquico.

La mentalidad liberal desbancó la idea del gobernante que se considera un ungido especial, con atribuciones celestiales especiales. La desbancó, pero no la destruyó.

Siguió ella en estado latente y surgió de nuevo en las propuestas de sistemas políticos que suponían nuevos ungidos. Corea del Norte es un buen ejemplo actual, igual que Cuba y Venezuela.

Antes de ellos, los nuevos ungidos habían sido claros productos marxistas, como Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot. Seres superiores, incuestionables, propietarios de conocimientos únicos que no pueden ser dudados. La misma básica idea de siglos antes, desbancada, pero no desaparecida, surgía otra vez.

Ya no era una voluntad divina la que justifica a la autoridad, sino un conocimiento privilegiado. Ya no es que Dios dé su respaldo al monarca, es que el gobernante es el iluminado que se justifica a sí mismo.

Es ahora, en el siglo 21, la encarnación de la voluntad popular, el intérprete del pueblo, el investido con una misión que no puede ser discutida. ¿Quién puede oponerse al ungido con esa misión?

Son otros nombres, otras apariencias, otras palabras, pero el fondo es el mismo. Plantea la existencia de los nuevos ungidos, investidos con misiones sagradas, que no pueden ser dudadas. Desconfiar de ellos es una traición que se paga a alto precio.

La consecuencia de aceptar al nuevo ungido del siglo 21 es considerable, que es lo que bien vale una segunda opinión.

En la práctica política, significa concentrar el poder, otra vez, como en los tiempos monárquicos. Si el estado era el rey, ahora el ungido es el estado. Su palabra es ley, sus deseos son órdenes, sus intenciones sagradas, su misión santa.

No puede ser limitado con artificios como cámaras de legisladores y tribunales independientes y medios libres. Las libertades son nada frente a la visión del líder. No son ya reyes que son estados, son narcisistas que son gobierno, la encarnación misma de la sociedad.

Es un desprecio a lo aprendido antes, el saber que nadie está preparado para gobernar. Nadie. Que si se necesita un gobierno es deber limitarlo, evitar que se convierta en un instrumento de abusos. En pocas palabras, falta recordar a Montesquieu.

Pero hay algo especial en los nuevos ungidosdel siglo 21. No pueden tomar el poder, así de repente. Deben seguir el proceso democrático, guardar las apariencias, ganar una elección, siquiera por la mínima diferencia.

Lo saben y harán lo que sea por lograrlo. Mentirán, adoptarán personalidades falsas, prometerán respetar la ley, la división de poderes, el estado de derecho… falsedades necesarias de momento.

El ungido necesita gente que le siga, después de todo es un líder y debe tener sus fans. Esas personas son de dos tipos.

Las cínicas que le siguen por interés personal solamente, las que obtendrán un modo de vida del gobierno del ungido.

Y las incautas, las inocentes crédulas que sí creen en el ungido como un ser especial, único, que conoce lo que debe hacerse. Depositan en él una confianza ciega, una fe absoluta. Han sido convertidos a la nueva religión del ungido.

Si hay algo que debe cuidarse en una elección, donde la democracia es nueva, es no elegir al candidato que es de ese tipo, el nuevo ungido del siglo 21. Si acaso llega al poder, mucho me temo, sacarlo de él será difícil… porque en el fondo no es mas que un obsesionado con el poder sobre los demás.

Post Scriptum

No son los nuevos ungidos del siglo 21 casos de dictadura. Son más profundos, son totalitarios, lo quieren todo, incluyendo las conciencias de las personas. Quieren ellos ser la moral misma, el ideal ético, ser la enarnación del bien de la conciencia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Los Nuevos Ungidos”
  1. Lily Audelo Aun Dijo:

    Su opinión de hoy me hizo recordar un dialogo de la novela de Ayn Rand “Los que vivimos” entre Andrei un comunista convencido y Kira una antirrevolucionaria. Coincido con lo que expresa Kira lo que me hace pensar que yo sería una dictadora implacable y me permito enviárselo, esperando le agrade.
    -Ya sé lo que va a decir. Lo que dicen la mayor parte de nuestros enemigos. Porque vosotros admiráis nuestros ideales, pero odiáis nuestros métodos.
    -Al revés: odio vuestros ideales, y admiro vuestros métodos. Si uno cree tener razón, no debe aguardar a convencer a millones de estúpidos. Puede obligarles. Lo que no sé es si llegaría a incluir entre mis métodos el derramamiento de sangre.





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