Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Experimentos Políticos
Eduardo García Gaspar
25 abril 2016
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es clara. La experimentación con seres humanos es inmoral.

La dignidad de las personas es la causa por la que ellos están prohibidos. Los ecos de los experimentos nazis aún ponen la piel de gallina.

Cierto que en la actualidad se realizan pruebas medicinales durante el proceso de aprobación de medicamentos, usando personas. Ellas son voluntarias y se realizan bajo limitaciones estrictas.

En resumen, experimentar con seres humanos está prohibido. Usted no puede obligar a nadie a ingerir una sustancia que usted cree que cura la caída de pelo.

No puede andar por la calle infectando a personas con un virus para luego probar que usted tiene una forma de curarlas. No somos los humanos sujetos de experimentos.

La prohibición es clara y explícita. Y, sin embargo, sucede. No en medicina, pero sí en política. Evelyn Waugh, escribió en 1939 sobre México:

«[…] en la actualidad la ley es una mera formulación de los caprichos del partido en el poder. Se usa para el experimento social: se “ensaya” en la gente […]»

No son esos experimentos de Psicología Social. Algunos de ellos realmente pertubadores y que serían muy cuestionados hoy.

Me refiero a experimentos sociales de gran escala, a nivel de países enteros, con millones de personas, que son forzadas a ser sujetos de un experimento. Explico esto en sus partes.

• Se crea o se toma una idea existente, la de una sociedad considerada ideal, una especie de modelo de lo que debería ser la sociedad de acuerdo con la manera de pensar de una o más personas.

• Una o más personas, las mismas que crearon el modelo u otras, están en una posición de poder tal que pueden implantar por la fuerza ese modelo en la sociedad o país que dominan. Es decir, las personas que allí viven son obligadas por medio de la fuerza a vivir en la sociedad modelo que quiere hacerse realidad.

Otra manera de ver esto es el pensar en la implantación de una utopía, la sociedad ideal de acuerdo con la opinión de los creadores del modelo. El caso que más ilustra a la implantación de utopías es el de tres países, la desaparecida URSS, China y Camboya. Los experimentos se han repetido en Cuba y Venezuela.

La lógica de inmediato se presenta. Si resulta contrario a la dignidad humana que las personas sean sujetos obligados de experimentos médicos, también sería contrario a esa dignidad el que sean sujetos forzados de experimentación política.

Sus resultados en Cambodia:

«[…] Pol Pot instauró un régimen que se convirtió en un auténtico retorno a la Edad de Piedra: las ciudades fueron abandonadas, toda actividad que no fuera la agricultura, perseguida. Llevar gafas era razón suficiente para ser ejecutado sumariamente, y al final de la época Jemer, tan sólo se encontró un abogado con vida en toda Camboya». El Mundo.

En China:

«A finales de 1958, gracias a las medidas del ‘Gran Salto Adelante’ y a una serie de cosechas catastróficas, comenzaba la ‘Gran Hambruna’ que produjo la muerte de millones de personas, en su mayoría niños menores de diez años. Según los historiadores, más de treinta millones de chinos fallecieron de hambre entre 1958 y 1961 en una de las mayores tragedias sucedidas en durante el siglo XX». Decisión Económica.

Creo que el otro punto queda claro. No solamente es contrario a la dignidad humana hacer experimentos políticos de sociedades ideales, también ellos producen resultados aterradores, como esos y otros.

¿Qué hay en el fondo de esto? Me refiero a la construcción e implantación de utopías sociales que son implantadas en sociedades por medio de la fuerza. En su fondo, son intentos para construir un paraíso terrenal, según alguien lo haya definido, sea el comunismo, el nazismo, o cualquiera otro.

Es la persecución de la perfección social imposible. Peor aún, la idea de perfección según alguien que se siente iluminado. Lo siento, pero no es posible. Debemos contentarnos con sociedades imperfectas y no hay remedio.

Por lo pronto, aléjese de gobernantes con sentimientos utópicos, quienes pretenden saber lo que la gente necesita y ser ellos los portadores de la solución. Son enemigos públicos.

Post Scriptum

La cita es de Waugh, Evelyn. 2008. Robo al amparo de la ley. Madrid: Homo Legens, p. 103.

Me imagino que la idea de un paraíso sea imposible de abandonar en las ambiciones humanas. En el Cristianismo, existe esa idea explícitamente, no solo en el origen del hombre sino también en su destino final; pero es muy claro que no se tiene en esta tierra. Me imagino que los experimentos políticos de sociedades ideales sea la transferencia de esa idea cristiana del paraíso, olvidando que en esta vida nunca se tendrá.

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