Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad: Definiciones
Eduardo García Gaspar
18 agosto 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


«La libertad es la facultad de poder escoger entre el bien y el mal, de decidir entre lo bueno y lo malo, entre la verdad y la mentira».

Eso es, más o menos, lo que se piensa que la libertad es para propósitos prácticos.

La cosa no se detiene allí. Hay otra idea:

«La libertad es el actuar sin limitaciones ni reglas, sin importar lo bueno ni lo malo».

Esta es una noción de la libertad mucho más radical, muy definida como libertad sin reglas ni normas.

Esas dos ideas de libertad son comunes. Para los más tradicionales, la libertad es la posibilidad de hacer lo bueno o lo malo por voluntad propia. Para los más radicales, la libertad es actuar olvidando la distinción entre lo bueno y lo malo.

Entre esas dos definiciones, prefiero la primera porque contiene ese asomo de ética o moral que reconoce la existencia de lo bueno y lo malo, de lo verdadero y lo falso. La segunda es sencillamente desequilibrada e insensata.

Pongamos en tela de juicio esa idea de libertad, la de que ella es la facultad o poder para escoger entre lo bueno y lo malo.

En la superficie esta comprensión de la libertad tiene sentido: entre decidir entrar a una casa para robar y no hacer eso, opto por no entrar. O entre plagiar un trabajo para el colegio y no hacerlo, decido no hacerlo.

Pero esto hace surgir un detalle que puede cambiar las cosas. ¿Es libertad haber decidido sí robar o no la casa, o plagiar o no el trabajo?

La cuestión es si haber optado por la alternativa mala es realmente libertad o una disminución de ella, lo que replantearía a la libertad como la selección consistente de las opciones buenas, correctas, verdaderas.

Esa es la otra definición de libertad: «Hacer lo bueno», y eso implica que hacer lo malo no es libertad.

Esta idea que seguramente usted ha escuchado tiene su origen, que sepa yo, en San Anselmo (1033-1109) y su idea de que libertad es «el poder para preservar la rectitud por razón de la misma rectitud».

La idea es fascinante: la voluntad que hace el bien es libre, pero no la que hace el mal. La libertad, entonces, es el decidir hacer lo bueno, lo correcto, lo verdadero. De lo que se deduce que el poder hacer lo malo no es realmente libertad, sino una manera de perderla.

Tenemos entonces al menos tres definiciones de libertad:

• La más débil de todas: actuar sin límites ni reglas.

• La intermedia: poder seleccionar entre el bien y el mal.

• La más robusta: hacer el bien por voluntad propia.

Las dos últimas tienen en común la creencia de que existen normas o principios morales que son objetivos, universales y capaces de ser descubiertos y justificados por la razón (y según los creyentes, al menos en muy buena parte revelados por Dios).

La primera definición, por el contrario, supone que no existen normas ni principios, entendiendo que la real libertad es liberarse de esas limitaciones. Esta mentalidad es la que entiende que la libertad es la ausencia de todo lo que imponga reglas y que las únicas que valen son las que se imponga en cada momento la persona.

¿Cuál de esas libertades debe aceptarse?

Dependerá de la persona. Creo razonable suponer que la primera definición será la preferida del que prefiere la comodidad y la pereza. La segunda tal vez por quien tiene siquiera una noción del bien y del mal que le inquieta. La tercera, posiblemente por el más esforzado.

Y esto nos lleva a J. Ortega y Gasset (1883-1955) quien escribió:

«Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás».

Esta es la parte de la población que, imagino, se inclinará por la primera definición; su laxitud le será muy atractiva. Una cierta proporción de la masa quizá tenga inquietud con la segunda definición, pero tenderá a seguir a las mayorías.

Quienes posiblemente tengan una fuerte inclinación por la tercera y más exigente definición son la minoría, que Ortega y Gasset describió:

« […] las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes».

Y esto puede convertirse en un criterio de calidad de cada una de las tres definiciones. ¿Cuál de ellas seleccionaría quien se valora a sí mismo, quien quiere ser mejor y acepta deberes?

Post Scriptum

Para esta columna usé Bruce, Michael, and Steven Barbone. 2011. Just the Arguments: 100 of the Most Important Arguments in Western Philosophy. Wiley-Blackwell, capítulo 9, de Julia Hermann.

También usé Ortega y Gasset, José. 1993. La Rebelión de las Masas (Planeta-Agostini, publicado originalmente en 1930).

No son estas las únicas definiciones: véase Dos Libertades.

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