Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad y Prohibición
Eduardo García Gaspar
12 julio 2017
Sección: ETICA, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Creyendo en la libertad es lógico defender acciones tomadas en libertad. Incluso las que sean.

Desde el consumo de drogas hasta el caso de «100 operaciones y 50.000 euros para convertirse en un alien “asexuado”» y, por supuesto, la prostitución decidida en libertad.

Un liberal congruente aceptaría que, por ejemplo, las drogas fueran legales, que se compraran y vendieran con libertad. Aceptaría eso con una condición, que esas acciones libres no dañaran a otros en sus libertades, posesiones e intereses.

Esa mentalidad es la que le hace rechazar el uso obligatorio de los cinturones de seguridad en los coches. Si alguien no los quiere usar, que no lo haga. Allá la persona y las consecuencias de sus actos.

El liberal, por ejemplo, en el caso del «alien asexuado» lo dejaría en libertad de hacer lo que quisiera, siempre y cuando usara su propio dinero y no el de la medicina pública. Por igual, aceptaría la existencia de prostitución, siempre y cuando fuese voluntaria.

Por supuesto, esa postura liberal es motivo de reprobación en opinión de muchos que buscan evitar esos actos considerados reprobables, como el uso de drogas. ¿Cómo lo hacen? Por medio de la prohibición gubernamental. Usan al gobierno para prohibir las drogas, el alcohol y otras cosas más.

Ante esto, el liberal se rebela. Argumenta, no sin razón, que se violan libertades. El «prohibicionista», por su lado, argumenta que ciertas acciones son reprobables, también con razón, y propone que los gobiernos usen su fuerza para, por ejemplo, prohibir «espectáculos eróticos».

Dentro de esa discusión entre las dos posiciones hay un pequeño gran detalle que aclara mucho: el uso del gobierno y su poder. A lo que se opone el liberal es al uso del poder gubernamental para, por ejemplo, el uso obligatorio de cinturones de seguridad.

No hay duda, me parece, que ciertas acciones son reprobables. Eso nadie lo pone en duda. Pero una cosa es eso y otra muy distinta el utilizar la coerción gubernamental para prohibir esas acciones. Repruebe o no el consumo de drogas, el liberal está en contra de que intervenga la autoridad y prohiba el consumo de alcohol, por ejemplo.

Los dos, el liberal y el «prohibicionista» pueden coincidir y creer que la prostitución es algo indebido moralmente. La diferencia sustancial entre ambos está en el uso del gobierno para prohibir u obligar.

Cualquier persona estará de acuerdo con que es mejor usar cinturones de seguridad, pero el liberal querrá dejar su uso como una decisión libre personal. El «prohibicionista» buscará que el gobierno lo obligue a usar.

Es decir, ambos pueden coincidir en lo moral, pero difieren en el tipo de obligación que ello impondría. Para unos es libre y para otros es un asunto de leyes que fuercen y obliguen. El asunto, entonces, se pone interesante.

Para el liberal, las leyes y los gobiernos están para proteger a las personas, sus libertades y posesiones; y nada más. Si la persona malgasta su fortuna en drogas, eso no es asunto de los gobiernos, ni de las leyes. El liberal podrá decir que ese consumo de drogas es reprobable, pero hasta allí. El gobierno no debe meterse en actos de unos que no dañan directamente a otros.

No es una mala posición, al contrario. En mi caso, creo que las drogas son negativas, que la prostitución es reprobable, que beber en exceso es malo, que es mejor usar cinturones de seguridad; pero esos juicios morales míos no me llevan a proponer que los gobiernos se hagan de la autoridad necesaria para prohibirlos u obligarlos.

Mientras la persona no perjudique directamente a otras, sus libertades y posesiones, ella debe ser libre, legalmente libre. Pero eso no la libera de la moral que no está en manos de los gobiernos. El «prohibicionista», en cambio, sí quiere hacer que el gobierno amplíe su poder y prohiba u obligue acciones que no dañan a otros.

La discusión, entonces, entre ambas posturas no es necesariamente moral, pero sí es una controversia sobre el poder gubernamental. En buena parte esto es lo que diferencia al liberal del socialista: el deseo de limitar a los gobiernos contra el deseo de expandirlos.

Entre ellos dos, la posición del liberal me parece por mucho la más razonable por poner frenos a la expansión gubernamental y el riesgo de totalitarismo que ello representa.

Lo anterior está lejos de solucionar desacuerdos entre liberales y socialistas, entre conservadores y progresistas, pero enfatiza un gran epicentro de desacuerdos: expandir o no el poder gubernamental haciéndolo responsable de la moral.

El agrandamiento gubernamental es un serio error que no está justificado por las buenas intenciones de nadie.

Post Scriptum

El caso del que «Se hizo 110 operaciones para parecer un alien» es una buena instancia para decir que (1) el gobierno nada tiene que hacer evitando eso, ni el consumo de drogas, ni otras cosas similares; y (2) es una tontería espectacular gastarse tanto dinero en eso. ¿Ser libre para eso nada más?

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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