Político como profeta 

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Política mezclada con religión. Combinadas ambas, pero no de la manera esperada, sino como un patrocinio: Dios mismo como promotor de la posición política del gobernante.

Para explicarme con un ejemplo:

«Hablan mal de mí porque he dicho la verdad. Crucificaron a Cristo por decir la verdad […] Quien condena a la Revolución traiciona a Cristo y se declara a sí mismo capaz de crucificar de nuevo al propio Cristo». Fidel Castro.

También este otro:

«Jesucristo fue el primer socialista y Judas el primer capitalista». H. Chávez

Un tercer caso de lo mismo:

«Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesucristo. Porque Jesucristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes. Por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Entonces soy en ese sentido un creyente. Tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo». A. M. López Obrador

Y para terminar:

«El primer socialista del mundo ha sido Jesucristo». E. Morales

Puede verse esta curiosa mezcla de religión y política como una estrategia de poder para alcanzarlo y mantenerlo, pero mucho me temo que hay más, bastante más.

El ambicioso de poder, con una gran malicia, puede optar por el engaño y el fraude al decir esas cosas y sabiendo que ellas son un simple artilugio para persuadir a inocentes y crédulos. Pero me temo que eso no es todo.

Es una probabilidad considerable que ellos mismos crean sus afirmaciones y sucumban a esa creencia de tener un patrocinio superior y divino, como si Dios mismo los iluminara nombrándolos profetas suyos.

Realmente piensan ser profetas, enviados divinos. Creen sinceramente en serlo. Este es el punto que merece unan segunda opinión.

No son tramposos mentirosos que saben que es mentira que Dios es socialista y lanzan esa mentira para provecho personal. Es más que una posibilidad que verdaderamente lo crean.

Y, si eso sucede, todo cambia: sus ideas se vuelven revelaciones incuestionables, sus propuestas se convierten en dogmas no sujetos a discusión y esos que pretendan ir en su contra serán herejes que no deben ser escuchados. Su ideología muta y toma la forma de una epifanía indudable.

Y eso es curioso porque en lo general esos líderes no tienen filiación religiosa e incluso son enemigos de la religión, pero toman de ella elementos que mezclan con su posición política, de manera que puedan nombrarse a sí mismos ministros máximos de esa nueva revelación que han producido.

No es que deje de existir la división entre iglesia y estado, sino que su estado se ha convertido en una religión.

Y una cosa más…

La cita de F. Castro está en Krauze, Enrique. El pueblo soy yo (Spanish Edition) (Kindle Locations 1875-1877). Penguin Random House Grupo Editorial México. Kindle Edition.

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