guerras culturales

Las dificultades de debates y diálogos. Los problemas y obstáculos que enfrentan en su realización y que no permiten hacerlos productivos.

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Introducción

Debatir, discutir y argumentar es una actividad que crece en dificultad —esto es en realidad un freno a la posibilidad de alcanzar acuerdos, llegar a consensos y, sobre todo, mejorar el conocimiento.

Hablo centralmente de la discusión en el campo político, donde se enfrentan creencias y valores cuyos debates enfrentan dificultades significativas.

¿Por qué es tan difícil debatir en estos días? En lo que sigue expongo dos de las causas que considero centrales.

Las dificultades de los debates

Los diálogos entre personas, que persiguen acuerdos o al menos enriquecimiento mutuo enfrentan obstáculos importantes que tienen causas demasiadas veces pasadas por alto. Estas son algunas de ellas.

Debate y dialéctica

La distinción entre ambas posiciones ayudará a entender la primera de las dificultades que hacen improductivos a los debates y diálogos. Es La diferencia entre el debate y la dialéctica.

Debate

La definición de debate está razonablemente bien explicada así:

«El debate​ es un acto de comunicación en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses. El que sea más completo se logra a medida que los argumentos expuestos vayan aumentando en cantidad y en solidez de sus motivos; al final de todos los argumentos expuestos por cada una de las personas, el intermediario deberá llegar a un acuerdo fijo». es.wikipeda.org

Dialéctica

Este es otro sentido de los diálogos que acude a la vieja mentalidad griega de la mayéutica, es decir, dar a luz conocimiento —es decir, encontrar la verdad. Es hacer filosofía y suele ser una acción extrema.

Un método basado en hacer preguntas que se meditan y así encontrar respuestas. Ha sido expresado así: «La mayéutica emplea el diálogo como instrumento dialéctico para llegar al conocimiento».

La diferencia

En un debate o en un diálogo, el propósito más común es ganar la discusión. Cada una de las partes persigue demostrar que tiene la razón y que sus contrarios están equivocados.

Y ese es su objetivo central, incluso por encima del conocimiento y la verdad, que es lo que enfatiza el método dialéctico. No busca este ganar un debate, sino encontrar conocimiento real y verdadero a través de la reflexión de todas las partes.

Ignorancia y conocimiento

Otra de las dificultades que presentan los debates y diálogos es la falta de conocimiento en las partes que intervienen.

Todo debate supone una preparación mínima de quienes discuten y considera que quien no tiene conocimientos no cumple con esta condición, por lo que no es alguien calificado.

Terquedad y apertura

Si lo anterior se refiera a la preparación de las partes de los debates, esta otra de sus dificultades se refiere a la actitud de ellas ante sus opositores.

Es la terquedad y cerrazón que lleva a no escuchar a las otras partes y negarse a reconocer pruebas, evidencias y razonamientos que merecen atención. Es un problema frecuente de tozudez en debates y diálogos que solo persiguen defender creencias propias a toda costa.

La actitud deseable es la de la dialéctica, por la que las partes ponen por encima de todo la verdad y el conocimiento.

Otras dificultades de los debates

De esas tres grandes dificultades anteriores se derivan causas más específicas que entorpecen y dificultan los diálogos entre posiciones y creencias distintas. Las que siguen son algunas de ellas.

• Selección sesgada de evidencias

Un mecanismo por medio del que se da consideración a las demostraciones que dan peso a las ideas propias al mismo tiempo que se descartan las que las contradicen.

Es una predilección selectiva que da prioridad a aquello que apoya a la posición personal y descarta aquello que la niega o contradice.

• Relativismo intelectual

Es la suposición de que no existe una verdad universal y que existen «verdades» personales imposibles de demostrar como falsas —con la sola posibilidad de solución de imponer una de ellas.

En extremo común, esta es una de las mayores dificultades de todos los debates, a los que así invalida y es fomentada por el postmodernismo.

• Énfasis en intenciones, no en resultados

Es un proceso de justificación de las ideas propias usando solamente los propósitos y metas que persiguen las ideas propuestas —lo que hace de lado a la realidad.

Es en realidad una falacia de la buena intención y que justifica cualquier idea, por falsa que sea, porque ella tiene propósitos loables.

• Emotividad exagerada

Es un uso casi exclusivo de sentimientos y emociones que hacen de lado el uso de razonamientos, pruebas y evidencias. Se llama usualmente argumentun ad misericordiam y es una falacia.

• Representación mayoritaria

Consiste en suponer que la posición propia es la que fielmente representa la voluntad de la mayoría y es prueba cierta de ella.

Esta falacia, llamada ad populum, dificulta los debates porque toma como verdad a eso que es la opinión de la mayoría. Pretende solucionar al conocimiento por medio de mayorías en diálogos democráticos.

• Marcos mentales diferentes

Son puntos de partida distintos que permanecen ocultos a las partes, como las perspectivas colectivas y las personales. Por ejemplo, los socialistas conciben colectividades y grupos, mientras que los liberales conciben personas individuales.

Esta otra de las dificultades que enfrentan los debates muestra aspectos implícitos que los obstaculizan y se refieren a visiones distintas de cada una de las partes y que producen desacuerdos profundos.

Incluye a los prejuicios personales. Las personas afectadas, en ocasiones sin darse cuenta, sucumben a ideas previas de gusto o disgusto personal, a las que quieren aprobar o desaprobar a cualquier costo.

• Epítetos e insultos

Consiste en el uso de ataques personales a los opositores —embestidas y asaltos de naturaleza personal que agreden al contrario, ignorando las demostraciones que este presente.

Se trata de una falacia, ad hominem, que sustituye a los razonamientos y evidencias con ataques a los opositores.

• Lenguaje vago e incomprensible

Las verbalizaciones toman formas complejas, vagas, indefinidas y enredadas —lo que dificulta la comprensión y el análisis.

Es un problema de comprensión mutua que se origina en el lenguaje oscuro, complicado e ininteligible, que en ocasiones produce respeto y admiración. Es la falacia ad verecundiam y que da un peso de gran autoridad a quien usa ese lenguaje.

• Frases y eslóganes

Esto es la simplificación extrema de la defensa de una posición por medio de clisés y frases simplificadas, a veces muy memorables y que no son pruebas ni evidencias —incluye palabras de moda y cambios en el lenguaje.

Muestra otra dificultad al debatir y tiene una aplicación muy actual en lo políticamente correcto.

Se refiere a explicaciones simplificadas. Esto es la adopción de narrativas en extremo sencillas, capaces de ser comprendidas por cualquiera y que pretenden aclarar problemas complejos.

• Mentiras y falsedades

Esto es el uso de falsedades de manera intencional con pleno conocimiento de su intención de engaño para ganar el debate cueste lo que cueste.

• Estándares dobles

Esto es el uso de reglas estrictas para juzgar al opositor y de reglas laxas para juzgar a los asociados. Consiste en un juego doble de reglas y razonamientos que es parcial a la posición de una de las partes.

• Invención de chivos expiatorios

Se refiere a la creación de figuras malévolas que son colocadas como culpables de los males que quieren remediarse —lo que produce explicaciones infundadas en la realidad.

Es otra falacia, la del culpable favorito y consiste en la selección de culpables genéricos que explican y apoyan la posición de una de las partes.

• Ataques inconscientes o ideológicas

Consiste en acusar al opositor de estar afectado por una mentalidad de la que no tiene conciencia y que le hace defender ideas falsas que no merecen ser examinadas.

Concluyendo

Mi propósito en todo lo anterior ha sido apuntar algunas de las dificultades que considero más comunes para la conducción de debates productivos entre partidarios de ideas opuestas —especialmente en los campos políticos y sociales.

Señalé tres causas fundamentales y varias razones más concretas en mucho afectadas por varias falacias o modos erróneos de razonar.


Y unas cosas más para el interesado…

Ideas relacionadas

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Mucha discusión poca razón

Abundan. Se encuentran en todas partes. Son las discusiones, los debates y desacuerdos —por todas partes hay altercados y controversias. No son algo que escasee.

Una clave de entendimiento de los debates pobres e improductivos se encuentra en una regla de supuesta buena educación: no discutir de religión ni de política entre amigos.

Hacerlo produce enojo e irritación, insultos y enemistades. Y, sobre todo, nunca se llega a acuerdos.

El argumento como clave

Discusiones hay muchas, argumentos razonados hay pocos. F. L. Sheen escribió en los años 30:

«La cosa más difícil de encontrar en el mundo hoy es un argumento». Fulton J. Sheen, Old Errors and New Labels

Sus elementos:

Primero, no sobran las discusiones y los desacuerdos en nuestros días. ¿Un fenómeno solo actual? No lo creo.

Suena razonable pensar que han existido en toda la historia. No somos las personas famosas por estar de acuerdo siempre y en todo.

Segundo, es muy seguro que en nuestros tiempos los desacuerdos se hayan extendido en opiniones morales, económicas, religiosas, políticas y de esos tipos.

Hay más que antes porque hay más personas, más medios para difundirlas, más libertades y más tiempo libre.

Quizá sea que hoy en día cualquiera puede opinar y difundir sus opiniones, sin necesidad de requisito alguno, mientras que antes eso estaba más concentrado en ciertos personajes.

Parafraseando algo ya dicho: la opinión del mayor experto en Teoría Monetaria convive y tiene el mismo rango que la del más ignorante, ambos tratando el mismo tema concreto.

Tercero, «pensar […] es una tarea difícil; es el trabajo más arduo que un hombre pueda hacer» ibídem.

Reconociendo esto, no debe extrañar que las discusiones abundantes carezcan de argumentos pensados pero derramen prejuicios, ideas hechas, lugares comunes, sentimientos, los que son indeciblemente más fáciles de tener.

Hacer filosofía real suele ser muy molesto.

El efecto inevitable

Es posible obtener una conclusión de esos tres elementos: abundancia de desacuerdos que son imposibles de resolver por medio de la razón. Eso crea un medio ambiente muy particular.

En ese medio ambiente, la verdad poco importa. No es que se niegue que exista, sino que toma un lugar sin importancia. Lo que importa es lo práctico y útil para los objetivos propios.

Cualquier justificación tiene utilidad si sirve para apoyar la consecuencia práctica que se busca. Y eso se ve positivamente, como una apertura mental correcta y una diversidad encomiable.

Por el contrario, intentar razonar buscando la verdad se considera como una mente cerrada, conservadora y reaccionaria.

Rechazo a la razón

Querer pensar objetivamente es rechazado porque cada quien tiene su verdad y nadie puede imponer sus ideas en los demás (excepto el que eso dice).

En una discusión sin uso de argumentos ni razones, se usan falacias, eslóganes, frases hechas, de cuya repetición se depende para crear impresiones de salir ganando.

La discusión razonada se sustituye por acciones llamativas atractivas para su reporte en medios: el desnudo como sustituto del cerebro, por ejemplo.

O bien, se usan celebridades y famosos para apoyar opiniones sin necesidad de usar la cabeza.

No es precisamente un medio ambiente que se preste para avanzar y progresar. Es más bien un medio ambiente para la imposición de ideas y la pérdida de libertades. Conduce al totalitarismo por la censura de quien expresa opiniones contrarias al estándar aprobado (políticamente correcto).

Las discusiones y los altercados, las controversias, nunca desaparecerán. Son consecuencia inevitable de nuestra propia naturaleza. Más aún, son procesos que permiten avanzar y ser mejores, pero siempre que usemos a la razón.

Sin ella, las discusiones se mantendrán pero no serán ya un proceso de avance. Al contrario, serán un camino al retroceso y a la pérdida de libertades. La ruta al totalitarismo.

Las democracias y las repúblicas se sostienen suponiendo que las personas piensan —sin pensar, todo lo que queda son prejuicios y ellos no pueden producir cultura ni civilización.