Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Historias de Gobierno
Eduardo García Gaspar
7 noviembre 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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J. Norberg es un sueco que tiene ideas interesantes y narra historias como las dos siguientes. Las dos provenientes de su estancia en Azerbaijan, donde dio en este mes varias conferencias. La primera es una de policías.

Cuenta que ya de noche fue llevado al aeropuerto. Media noche, sin tráfico. Sin embargo, los semáforos del camino al aeropuerto de Baku, la capital, funcionan a esa hora. Y funcionan de manera que no es posible tener luces verdes continuas. ¿Un problema de sincronización electrónica? Eso es lo que pensaría cualquier persona con sentido común.

Pero Norberg preguntó la razón a quien le llevaba a esa avanzada hora al aeropuerto. La total desincronización es intencional. La policía se ha opuesto a ordenar las luces verdes, con su consecuente ahorro de tiempo y de combustible.

La razón es el logro de multas cuantiosas, de unos 900 pesos mexicanos por cada cruce el luz roja. La policía confía en la tentación que representa el no tener tráfico al mismo tiempo que detenerse sin objetivo.

Dice Norberg que debe darles resultado porque sus patrullas son BMW. La otra historia tiene su humor. Cuenta que al llegar a Baku se encuentra con un olor conocido, el de petróleo, un recurso que afecta a todo el país y provee riqueza, con un problema: cuando los gobiernos son ricos, comenta, los ciudadanos rara vez lo son.

Cuando los gobiernos controlan enormes recursos naturales ello produce corrupción en los gobernantes, quienes pelean por esos recursos sin importarles los ciudadanos, ni pensar en la diversificación de su economía.

Y con eso como antecedente, habla del caso judicial más sonado de la actualidad en Azerbaijan, un crimen de gran escala y brutal por parte de personas muy cercanas al gobierno.

Cuenta que un líder del crimen organizado ruso aconsejó recientemente que no deben ellos estar demasiado cerca de los gobiernos al sur del Cáucaso. La razón: esos gobiernos no siguen las reglas respetables del crimen organizado, como el respeto a la palabra dada y no ser innecesariamente brutal en las fechorías.

Es decir, “al estar demasiado cerca de los gobernantes, él tendría temor de que el crimen organizado adquiriera una mala reputación…”.

Las historias son pequeñas, anecdóticas, pero reveladoras de una realidad natural: los gobiernos están formados por humanos y los humanos somos imperfectos, de lo que necesariamente debe concluirse que no podemos confiar ciegamente en los gobiernos.

Los gobernantes están motivados por sus intereses personales, igual que el resto de los mortales… sean para tener un sistema de semáforos que no es eficiente, o cometer actos peores que los del crimen organizado.

El tema no es nuevo. Al contrario, lleva siglos de haber sido encontrado y analizado. Y se trata de resolver un problema, el de qué hacer para que funcione razonablemente bien una institución que tiene mucho poder y es necesario que lo tenga. Por eso es razonable pensar que sin gobierno no podemos vivir, pero que con demasiado gobierno nuestra vida se hace imposible.

Y esto me lleva al punto que deseo enfatizar. Quienes tenemos ideas liberales, de un gobierno eficiente, cumplidor, limitado, en realidad no tenemos un partido por el que votar. Tenemos que seleccionar al menos lejano a nuestra forma de pensar. Y aún más, no logramos entender la mentalidad socialista, la que en su misma esencia confía en los gobernantes, creyendo que son seres excepcionales, en quienes puede confiarse absolutamente.

Son, los socialistas, unos ingenuos irremediables. A pesar de todas las evidencias en su contra, mantienen una convicción categórica en el altruismo de los gobernantes. Piensan que son ángeles venidos del cielo para gobernarnos sabiamente. Las dos historias de Norberg en Azerbaijan ilustran lo ilusoria que es esa creencia.

Las historias que pueden contarse en México son iguales en su esencia y se convierten en un reto para el socialista: mostrar que la mayoría de los gobernantes son perfectamente altruistas. ¿La mitad? ¿Una cuarta parte? ¿Unos pocos? ¿Ninguno?

Si en la sociedad nadie es perfecto resulta imposible que en el gobierno se adquiera esa perfección y en realidad es lo opuesto: el poder es un elemento que echa a perder a las personas. Y en ellas pretenden confiar los socialistas.

POST SCRIPTUM

• La página de Johan Norberg contiene material con ideas fuera de lo común. Contrapeso.info ha establecido contacto con Johan y en pocos días publicará, con su gentil permiso, alguno de sus materiales.


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