Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Defectos de la Democracia
Eduardo García Gaspar
16 enero 2007
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una realidad democrática que no he visto mencionada como debería serlo. Se trata de un defecto serio de eso que tanto alabamos, la democracia. Y, por si fuera poco demuestra la realidad de nuestra existencia: vivimos en un mundo que jamás podrá ser perfecto.

Hago alusión a los intereses de los partidos políticos y su contraposición con el interés nacional. El caso está muy bien ilustrado en sucesos recientes de los EEUU y de México. Comienzo con el de los EEUU: en general los Republicanos apoyan el mantenimiento de las tropas en Irak y desean que ese conflicto se vea como una fase necesaria de la guerra contra el terrorismo.

Pero los Demócratas desean lo opuesto y quieren hacer ver a esa guerra como un fracaso para así hacer quedar mal a los Republicanos y derrotarlos en las elecciones. Lo que debe examinarse aquí no es lo debido o indebido de la guerra en Irak, sino el interés de un partido en hacer ver mal a su rival con independencia del desempeño de éste. Es decir, un partido político tiene un interés negativo en la buena imagen de su opositor.

México, durante la administración de Fox fue un buen ejemplo de este síndrome democrático. Póngase usted en el lugar de los partidos opositores a Fox y comprenderá que a usted no le hubiera convenido que Fox tuviera éxito: a más éxito de ese presidente menores probabilidades de usted para ganar las siguientes elecciones. Lo que quiere decir que usted, siendo de oposición, tendrá buenos motivos para hacer quedar mal al gobierno de su enemigo político.

La democracia por diseño tiene esta dificultad estructural que no puede evitarse. Me explico con el caso actual en México. Es obvio que se necesita crecimiento económico y que él sólo puede lograrse por medios de modernización de leyes e instituciones.

Si se realizan esos cambios, el gobierno de Calderón elevará sus probabilidades de ser exitoso en ese terreno. Y eso no le conviene a la oposición porque con ese éxito se reducen las probabilidades de ganar las elecciones siguientes, las que sean.

Tomemos la rivalidad que el PRD ha establecido con el nuevo gobierno federal: es claro que lo menos que quiere ese partido es el éxito de su enemigo. Y sobre esa base podemos predecir con buen grado de certidumbre que el PRD como un bloque pondrá todo su esfuerzo en evitar que se realicen los cambios que harían exitoso a su peor enemigo. Si eso lastima al país, no importa, porque la razón de ser de los partidos es llegar al máximo poder posible.

Sabiendo eso se está en una mejor posición que ignorándolo. Al menos así podrán entenderse mejor los motivos de la actuación de los partidos políticos, aquí y donde sea. El asunto es importante y permite también encontrar soluciones al problema. Por lo pronto hay que reconocer que en los gobiernos más que en otras partes se necesita gente de calidad.

Gente que entienda que existen prioridades y que la mayor es el bien del país, así sea el logrado con medidas tomadas por sus opositores. Pocas cosas peores pueden sucederle a una nación que llevar al poder a personas de visión limitada, las que no entienden nada que no sea el obtener poder para ellas mismas.

Otra solución es el compartir éxitos. O si se ve del otro lado, el evitar confrontaciones innecesarias. Fox fue un ejemplo claro de lo que no debió hacerse: mantener la confrontación y la rivalidad con el resto de los partidos después de ya haber ganado las elecciones presidenciales. Una vez pasadas las elecciones, los gobernantes deben empezar a trabajar en acuerdos y negociaciones, no en el mantenimiento de rivalidades.

Creo que el tema bien vale una segunda opinión. Primero, porque el asunto no ha sido tratado con la frecuencia que merece. Segundo, porque este defecto de la democracia es inevitable. Y tercero, porque puede corregirse en buena parte por medio de gobernantes de calidad, una labor que es parte de las responsabilidades de los ciudadanos. Ellos deben ser cuidadosos al votar, tratando de hacerlo por personas que vayan más allá de intereses partidistas.

Es decir, lo que debe evitar el votante es dar su voto a candidatos que tengan visos de radicalismo y de sed insaciable de poder. Son esos los que más daño hacen: sacrificarán a todo un país en aras de conseguir el poder, el que es su única meta.


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