Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Con y Sin Religión
Leonardo Girondella Mora
2 diciembre 2009
Sección: ETICA, Sección: Análisis
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El tema es complejo en sí mismo —pero lo peor es que puede ser muy emocional. Trataré de simplificarlo, sin pérdida de significado, para ayudar a su comprensión. Se trata de una consecuencia imprevista del laicismo y, necesariamente tengo que empezar por especificar qué es el laicismo.

Acudo a la opinión razonable de que el laicismo puede ser entendido en dos versiones:

Versión 1: separación de poderes entre Iglesias y Gobierno, lo que crea un régimen de libertad religiosa y creencias. Entre Iglesias y Gobierno no se tiene oposición, sino más bien independencia e incluso colaboración en cuestiones de interés común —como la ayuda a pobres y cuestiones similares.

Versión 2: ausencia de relaciones entre Iglesias y Gobierno, lo que crea un sistema de oposición entre las instituciones. Ya no sólo no hay colaboración, sino antagonismo y el poder gubernamental se usa para ignorar y acallar a las iglesias.

La versión 2 —me parece obvio— tiene una consecuencia, la de la desaparición de las iglesias, a las que se ignora e incluso enfrenta. Esto crea un desequilibrio de poderes porque produce un vacío en la comunidad, el que está llenado con las funciones de las iglesias y religiones.

Este es el punto que me interesa explorar —el del vacío creado por la ausencia de iglesia y religión en la sociedad. ¿Qué sucede en una comunidad que crea un vacío religioso en ella? Explorar el tema requiere, primero, examinar qué papel juegan las iglesias en una comunidad, es decir, lo que quedaría vacío sin ellas.

La influencia, papel, funciones —o como quiera definirse el funcionamiento de las iglesias en la sociedad—, tiene dos planos que examino brevemente ahora.

Las iglesias tienen una amplia influencia en costumbres, hábitos, tradiciones —lo que podrían ser llamado cultura: días festivos, celebraciones, rituales, nacionalismo, museos, arte, música, arquitectura y otras cosas más que son conspicuas y notorias.

Pero también tiene gran influencia en asuntos educativos y de pensamiento, con preceptos morales, sentido de la vida, definición del bien y el mal, explicaciones de la razón de la existencia, conciencia de responsabilidades, propósitos de mejora personal y otras cosas de gran arraigo y profundidad.

Lo que la versión 2 del laicismo causa es un vacío —el de todas esas cosas mencionadas y que se llenará inevitablemente con algo. Es un vacío importante, muy en la base de la comunidad misma. En el nivel más visible se necesitarán nuevos días festivos con nuevas causas, otros rituales, costumbres, hábitos, celebraciones. Todo con motivos distintos y quizá también opuestos.

Pero el vacío también tiene cuestiones en cimientos de la sociedad. El vacío necesita mandatos morales nuevos y distintos, una moral redefinida, otra concepción de lo bueno y lo malo, otras justificaciones de la vida, del sentido de la existencia, del significado de la responsabilidad, de la naturaleza del ser humano.

Creo que lo anterior describe bien dos cosas —una, la enorme influencia que tienen las religiones en la vida humana y la enormidad de manifestaciones que tienen. Si el laicismo se interpreta como la desaparición de las iglesias, eso deja un vacío de consideración, que debe ser llenado con algo, sobre todo con una nueva moral sustentada en otra comprensión del ser humano.

Si las iglesias y religiones eran las que llenaban buena parte de esa esfera de la sociedad antes, ahora la interrogante central es quién llenará ese vacío. Una posibilidad —sin duda la más real— es el gobierno mismo, quien creará esa nueva moral estatal, la flamante redefinición de qué es bueno y qué es malo, la reciente justificación de la existencia humana, junto con nuevos rituales y celebraciones.

Si el gobierno lo hace, se daría una violación del principio de equilibrio de poderes —el poder moral pasaría a manos de quien tiene el poder de uso de la fuerza: una obvia pérdida de libertades y un mecanismo de sumisión al gobierno. Igual efecto se sufriría si el vacío se llena con las ideas de intelectuales y pensadores con la mentalidad de la versión 2 del laicismo —ellos, tal vez sin quererlo, harían pasar a manos del gobierno la responsabilidad de la esfera cultural de las sociedades.

Lo que he señalado como peligro de la versión 2 del laicismo es la concentración de poder en el gobierno y su consecuencia inevitable: la pérdida de libertades en regímenes políticos con tintes totalitarios. Pero eso no es todo —existe un peligro de destrucción de la comunidad al retirarle cimientos de tradiciones y normas morales que la han mantenido durante un largo tiempo.

Me refiero a las tradiciones en su sentido más amplio, con lo que adopto la mentalidad conservadora que manda a cuidar las tradiciones y costumbres heredadas, que fueron creadas con la experiencia de siglos y han permitido un estado de cosas mejores que en el pasado. Cambiar las tradiciones y mentalidades del pasado de siglos implica un riesgo grave para una institución tan sensible como una sociedad, en la que hay muy complejas interrelaciones.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Con y Sin Religión”
  1. Diego Paucar Dijo:

    Mi estimado, el cristianismo jamás fue creado para establecer un vínculo preponderante con el Estado. Pero muy rapidamente le dejo con una afirmación un poco controversial para la reflexion: "Constantino, el apóstata, escogió una nueva realidad moral para unificar su Imperio". Es cuestión de informarse, contextualizarse, e interpretar el legado de ésto en la moral de hoy. No soy parte de la Iglesia Católica. Dios lo Bendiga





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