Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Costo Total de un Perro
Eduardo García Gaspar
24 noviembre 2010
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El contraste fue sugestivo. En un parque ubicado en la ciudad A, caminaban muchas personas, casi todas con su perro. En la ciudad B, sucedía lo mismo, otras personas con otros perros.

Las dos escenas eran iguales en todos sentidos, excepto en uno que, de poner atención en él, podía dar ocasión a una breve clase de Economía. Otra de esas ocasiones en la que las escenas más cotidianas y pedestres son fuente de aprendizaje.

Uno de los terminajos de esa ciencia es el de externalidades, la que puede tener una definición muy elegante, de esas que suenan bien pero no se entienden.

Es mejor dar ejemplos que definiciones, y las personas y sus conductas lo son.

En la ciudad A, los amos de los perros permitían que sus mascotas hicieron eso que hacen los perros cuando se les saca a la calle, dejar muestras sólidas de su digestión. Eso mismo, exactamente, hacían los amos de los perros en la ciudad B.

La diferencia, sin embargo, era muy notable. En la ciudad A, los restos digestivos de los perros eran dejados en las banquetas, prados y caminos del parque. Pero en la ciudad B sucedía lo opuesto. Los dueños de los perros llevaban una especie de guante con el que recogían los desperdicios del perro y depositaban el bulto en un basurero, o incluso en su bolsillo.

Le digo, se aprende de Economía en todas partes. Quien eso haya visto puede darse por satisfecho al saber que se encuentra frente a un caso de externalidades: esa brecha o diferencia de costos entre la conducta personal y los costos que a otros impone.

En la ciudad A, donde los dueños no recogían los desperdicios de sus perros, allí había una externalidad. El propietario del perro trasladaba a otros parte del costo de poseer ese animal. Se ahorraba el costo de la bolsa de plástico, que se sellaba para no dejar salir a las sustancias caninas, y el trabajo de recogerlas y depositarlas en un basurero.

Terceras personas, no propietarias de ese perro, asumían esos costos. Pisaban los desperdicios, manchaban su ropa, e incluso resbalaban y sufrían accidentes. Hay una estadística curiosa: unos 650 parisinos son hospitalizados al año por resbalones causados por restos caninos.

En la ciudad B, el dueño del perro no trasladaba ese costo a terceros. Los asumía él comprando las bolsas especiales y depositándolas en el basurero. No hay externalidades aquí. Pero las podría haber, si ese perro ladra por las noches e impide dormir a los vecinos: esos vecinos estarían pagando parte del costo de tener un perro que es de otro.

El término es elegante. Decir que se padecen externalidades es distinguido y hasta letrado, especialmente cuando se compara con la otra opción, la de decir que alguien el causa molestias a uno. Como las que causa el vecino que decide tener una fiesta con la música fuerte y que impide conciliar el sueño.

La gran ventaja de pensar en externalidades y expresarlas como un costo trasladado de una persona a terceros, es que puede hacerse eso precisamente, ponerle un precio. Es muy conocido en ejemplo de los infantes llorones en aviones. El remedio que se ha propuesto es el de pagar más por el niño.

Por ejemplo, los padres del bebé, pueden invitar unos tragos a las personas en los asientos más cercanos a ellos. Igual que el vecino de la fiesta puede mandar regalos a los vecinos a cambio del ruido de esa noche.

Las externalidades son al final de cuentas las molestias que causamos en los demás y cuyo costo debían ser absorbido por la persona que los origina. Un caso muy extremo es el de quien conduce un auto borracho. Él está trasladando a otros el costo de su conducción en estado inconveniente. Costos que son potencialmente enormes.

Esto es sencillo de ver en los niveles personales y entender que muchas de estas ocasiones tienen un remedio personal: la buena educación de la gente que piensa que las consecuencias de sus actos en los demás. Un típico caso, quizá el mejor, es el de no tirar basura en la calle y aceptar el costo de hacerlo en los lugares de sentido común.

Pero existen otros casos en los que son aconsejables medidas obligatorias, como las multas serias por conducir bebido. También en casos de contaminación, cuando por ejemplo, una fábrica descarga sustancias que contaminan el agua que otros usan.

En fin, la vida presenta ocasiones de aprendizaje, incluso en el improbable caso de ver a perros que pasean con sus amos en un parque.

Post Scriptum

Las cifras parisinas las tomé de Wheelan, C. J. (2002). Naked economics : undressing the dismal science. New York: Norton, p. 45. La ciudad A es México DF. La ciudad B es Bilbao.

Existe más material sobre el tema general en ContraPeso.info: Economía, donde puede ser de interés Venta: Dalí al Costo y Costos Impuestos a Otros.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Costo Total de un Perro”
  1. Jesus Dijo:

    Es verdad que el “prorratear” los costos generados por otras personas, no solamente incide en el bolsillo de la persona a la que le cargan estos costos, incide en su salud y en su bienestar personal, el caso de Barcelona es una muestra de ello, donde los dueños de las mascotas (mayormente perros de raza pequeña) le dejan la tarea de sacarlos a pasear a los inmigrantes, los cuales les importa poco el cuidado de este tipo de eventos, y vemos las consecuencias y las olemos, sobre todo por la mañana, aquello huele horrible, mezcla de los desechos animales y olores del mar.

  1. A Todo Volumen, Pero... | Contrapeso




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