Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Apueste Una Cena
Eduardo García Gaspar
11 julio 2011
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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La ocasión es, realmente, un experimento único. Supongamos que usted tiene un amigo y que él tiene una idea: para mejorar la vida de los trabajadores el gobierno debe decretar un aumento del salario mínimo. Su amigo está seguro que eso será de beneficio.

Usted que es más realista le dice a su amigo que está equivocado, que ese aumento decretado del salario mínimo no mejorará la vida de los trabajadores, que la empeorará y que, lo mejor de todo, le propone una apuesta.

Que se haga el experimento en algún lugar y que quien pierda pague al otro, digamos, una gran cena en un gran restaurante.

Se ponen de acuerdo, hacen la apuesta y seleccionan a Samoa Americana y Las Islas Marianas del Norte como el sitio en el que se hará el experimento.

Lo fascinante de la apuesta es que ya se sabe quién la ganó: usted que apostó a que ese aumento decretado empeoraría las cosas. Los datos que siguen muestran lo sucedido.

En 2007 el gobierno de EEUU decretó un aumento del salario mínimo. Su propósito, mejorar las condiciones del lugar.

Un reporte reciente del mismo gobierno una caída del 19 por ciento en el empleo desde 2008, la que se atribuye a ese aumento. En ese lugar la industria más importante es la del enlatado de atún. En 2008 en ella trabajaban más de 19,000 personas, ahora son 15,400.

En 2008 el valor de la producción de atún era de 600 millones de dólares. Al principio de 2010 había bajado a 312 millones. La ley del nuevo salario, aplicado a esos lugares elevó el salario de 5.85 a 7.25 dólares la hora en incrementos parciales. La tasa de desempleo se acerca a 25 por ciento. Se esperan unos 10,000 empleos perdidos.

Hay más detalles en el caso, pero lo sucedido se sabía de antemano. Usted tenía ganada la apuesta a su amigo y sólo tenía que esperar sentado los resultados.

No era una cuestión complicada. Es mero sentido común: si fuera posible elevar el ingreso de las personas por medio de elevaciones legales de sus salarios, ya no habría pobreza. Todos en todas partes habrían hecho eso y viviríamos en un paraíso.

Esto es lo que llama la atención y merece una segunda opinión.

Si se sabe que las elevaciones por decreto de los salarios mínimos causan daño a esos mismos a quienes tratan de beneficiar, lo lógico sería no decretarlos. Y, sin embargo, se hace. Lo hacen los políticos y lo proponen los sindicatos.

Recuerde usted que en México algún líder sindical propuso igualar el salario mínimo del país con el de EEUU, para estar “en las mismas condiciones”.

No es complicado el asunto. Si se propone elevar el salario, lo que en realidad se propone es elevar el costo de los productos, razonando que los mayores precios de los bienes se vivirá mejor.

Extraña manera de pensar, cuando lo opuesto es cierto: lo mejor que puede suceder es que los precios bajen.

Digamos que usted tiene una carpintería y que un político habla con usted y le dice que al comprar madera a precios más alto habrá un beneficio general. No lo habrá. Los muebles que usted haga serán más caros, venderá menos, necesitará menos empleados. Usted verá al político como un loco.

Proponer esto es lo mismo que proponer elevar el costo del trabajo.

Lo que mueve al político es una muy sana intención. Intenta él mejorar la situación de los trabajadores, que son los más numerosos votantes.

Y, piensa él, si obligo a los empresarios a pagar salarios más elevados, los únicos que protestaran serán los empresarios, que no representan muchos votos. Con esa mente demasiado simple hace lo que no debe.

Es paradójico, al menos en apariencia, pero lo que el político debe hacer es algo que quizá no entienda muy bien.

Si quiere elevar salarios y si quiere aumentar los empleos, lo que tiene que hacer es facilitarle la vida a los empresarios, esos pocos votantes. Facilitando su vida, harán más inversiones, lo que elevará productividad y aumentará la demanda de trabajo y eso es lo que eleva los salarios, no los decretos.

Si no lo hace el político es porque, primero, quiere lograr una buena impresión en un grupo numeroso de votantes. Facilitarle la vida a las empresas le daría una imagen contraria a la que gana votos.

Segundo, mucho me temo, lo hace porque no sabe gran cosa de estas cuestiones y sigue la equivocada lógica de los instintos, no de la razón.

Post Scriptum

Los datos son de Minimum wage law backfires in American Samoa.

Hay más ideas en ContraPeso.info: Salarios y en ContraPeso.info: Precios.

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