Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Puertas se Han Abierto
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Es fascinante. Es una muestra de lo que hace le sucede a una sociedad que ha perdido el sentido de la libertad.

Es la imposición de ideas por presión mayoritaria y obligatoriedad política.

Sucede en Suecia. Lo reportó CNSNews.com (26 noviembre 2012).

Sucede en todas partes.

Una tienda de juguetes en ese país y el código publicitario nacional. La tienda recibió un regaño por parte del organismo regulador en 2008.

La causa: tener “estereotipos de género” en su catálogo. Cosas como implicar que una muñeca es para niñas y un carrito es para niños.

La modificación para este año: una niña con una pistola y un niño jugando al peinador. La camiseta de un niña ya no es rosa, sino azul. Es el resultado de entrenamiento y guías por parte de la agencia que vigila estas cuestiones.

Hay un antecedente, la discusión sobre si adoptar un pronombre sexualmente neutral. En sueco “él” se dice “han” y “ella” “hon”, pero se propone decir ahora “hen” para todos.

Por supuesto, la noticia pertenece al género de lo curioso y extraño. Son sucesos que se reportan por estrafalarios y singulares. Pero eso es en la superficie.

Si se escarba siquiera un poco, lo extraño y pintoresco se torna en algo muy distinto, algo amargo y chocante. Es la imposición de voluntades de unos sobre otros, una coerción indebida que es grave porque pasa por ser buena.

En una sociedad razonable, se deja que las tiendas exhiban sus mercancías como mejor lo crean. Sus propietarios serán quienes sufran las consecuencias de hacerlo mal… o los beneficios de hacerlo bien.

Su gobierno no pierde el tiempo en esos menesteres, ni asigna recursos y personal a vigilar esas cuestiones. Si a sus clientes les choca ver niñas con camisetas rosas jugando con muñecas, ellos decidirán no ir a esa tienda.

Pero en nuestros tiempos de demasiada televisión y poca razón, ha sucedido algo notable. Los gobiernos se han expandido asumiendo otras funciones, como ésa, la de cuidar lo que ellos ven como estereotipos indebidos.

Y cuidando, cuidando, hacen cosas extravagantes, como prohibir el alcohol, o las drogas. Como poner “cuotas de género” en cámaras legislativas. O limitar el tamaño de los refrescos. O dictar el número de perforaciones en un salero.

O retirar comerciales de televisión. O quitar muñecos en comidas. O regular el escote en trajes regionales.

Por supuesto es una expansión sin sentido de las funciones gubernamentales. Siguiendo ese camino podrá prohibirse decir que La Caperucita Roja llevaba vino en su canasta, o imponer que exista la versión de El Caperucito.

Quizá sea recomendado que Otelo no se lea por su “violencia de género”. No hay límites a esta intervención, que es lo que bien vale una segunda opinión.

Cuando un gobierno se entromete en un catálogo de juguetes con la meta de evitar estereotipos de terceros e imponer los suyos, se abre una puerta difícil de cerrar. Ese gobierno tiene ahora licencia para dictar conciencias con las ideas consideradas políticamente aceptables.

No es una posibilidad remota, es real.

En los EEUU, por ejemplo, hay una gran controversia porque el nuevo sistema de salud, el Obamacare, obliga a iglesias y organizaciones religiosas a proveer métodos anticonceptivos y abortivos que están en contra de sus creencias.

Es la misma mentalidad que la de dictar el contenido de un catálogo de juguetes. La ampliación de poderes es asombrosa.

Conocíamos ya de mucho tiempo atrás al intervencionismo económico, esos modelos económicos basados en la idea de que un grupo de burócratas sabe más que el resto y pueden manipular sin consecuencias negativas el complejo sistema económico.

Pero ahora el intervencionismo se implanta en un nuevo terreno, el de las conciencias e ideas.

Es lo que he llamado intervencionismo moral y consiste en la idea de que un grupo de burócratas saben tanto que pueden dictar preceptos éticos obligatorios para todos.

Es como un regreso a la monarquía que obligaba a sus vasallos a tener la religión del rey. No exagero. Eso es precisamente lo que está sucediendo cuando se hacen cosas como las que he mencionado. Quite usted al rey, ponga a un grupo de burócratas, y es lo mismo: tenemos que profesar sus mismas creencias.

Nuestros tiempos, me parece, han abierto las puertas a una fuerza que será difícil de detener, tanto como en tiempos anteriores cuando se luchó en favor de la libertad y en contra del abuso del poder.

Probablemente son ya tiempos en los que otra vez se busque quitarnos de encima la opresión del gobernante, de ese que odia la libertad del resto.

Post Scriptum

Quienes defendemos la libertad, lo que hacemos al final de cuentas es defender el tener oportunidades para tomar decisiones correctas y buenas. Cuando esas decisiones las toma un gobierno, la libertad deja de tener sentido.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Intervencionismo Moral.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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