Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tolerancia: su Redefinición
Eduardo García Gaspar
10 noviembre 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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La distinción fue valiosa. Muy valiosa. androjo

Fue una separación de significados y, lo mejor, fue políticamente incorrecta.

Hizo algo atrevido: clarificó conceptos, eso que hace imposible la vida de quien hace de la vaguedad una forma de vida.

El tema fue el de la tolerancia, uno de los pilares de la mentalidad de la corrección política.

La persona que habló comenzó por aclarar que la tolerancia enfrenta dificultades serias porque se entiende de manera desbarajustada.

Si se acude al sentido original, tolerar significa soportar, conllevar, aguantar.

Más específicamente, su connotación es la de admitir el mal menor como la mejor opción real posible en determinada circunstancia. Si no se admitiera ese mal menor, las cosas serían aún peores.

Esta es la idea que soporta, en algunos lugares, a las zonas de tolerancia en las que la prostitución es admitida como el mal menor. De no existir esas zonas, las cosas serían peores.

Es la misma idea que rechaza a las prohibiciones de bebidas alcohólicas y de drogas.

Sí, hay cosas malas, pero hay cosas peores. Y, entonces, resulta admisible que para evitar males mayores se toleren males menores.

Hay en todo esto una clara connotación de reprobación del mal menor. No hay duda de que resulta indeseable y negativo, pero se soporta porque es el menor de los males.

Esta es la idea de la tolerancia, dijo la persona, la noción original y exacta del significado de tolerancia.

Pero, siguió diciendo, en nuestros días se ha querido cambiar ese significado original a otros. “Es como si se hubiera cambiado la definición de tolerancia a otra muy distinta”, dijo.

La tolerancia modificada difiere notablemente de la original básica. Mientras que la original solicita soportar, la nueva pide respetar, estimar, apreciar.

El cambio es muy notable me parece. Si antes a la prostitución se me pedía conllevar como un mal menor, ahora se me pide estimar y apreciar.

La modificación es sustancial. A lo que antes se consideraba un mal, ahora se pide considerar un bien, o al menos algo neutro.

Esto ha sido expresado en una idea, la de “transformar a la tolerancia negativa en tolerancia positiva”. Un lenguaje atractivo, pero equivocado.

Posiblemente, la modificación de la definición de tolerancia sea el producto de una confusión poco notada. La persona puso un ejemplo: cuando alguien expresa una opinión, la que sea, la persona debe ser respetada pero no necesariamente su opinión.

Un caso actual ayuda a entender esto. Las personas, todas ellas, por causa de su dignidad humana deben ser tratadas con respeto. Esto no es tolerancia, es simple educación en el trato humano.

Pero si la persona realiza actos reprobables, esos actos no tienen por qué ser respetados ni tratados como a la persona.

En palabras de la persona:

“Como ser humano, la prostituta es digna de ser tratada con dignidad, igual que a cualquiera otra persona y, sin embargo, al mismo tiempo su profesión puede ser considerada como negativa y reprobable, aunque tolerada por ser un mal menor”.

La distinción es sutil y puede escapar de la comprensión de muchos. Un amigo lo explica con un caso de alta sensibilidad. Dice él:

“Mientras que trato al homosexual como trato al resto de las personas, con respeto y amabilidad, eso no significa que apruebe sus actos, simplemente los tolero como un mal menor al de otras opciones”.

Por mi parte, me parece que la persona que habló de ese cambio en la definición de tolerancia tiene muy buenos argumentos. Quiero solamente añadir una consideración.

Si llevo a la tolerancia redefinida a su consecuencia lógica, me encuentro con un absurdo. Un mundo en el que prive la tolerancia que pide respetar, estimar, apreciar a todo por igual, sería uno en el que son imposibles las opiniones personales. Y eso es a su vez, irrealizable.

Sería equivalente a dejar de pensar, abandonar el uso de la razón y dejarse llevar por la corriente en la que todo está bien. Habría además contradicciones imposibles de solucionar.

Por ejemplo, para unos los símbolos religiosos en lugares públicos son inadmisibles, una opinión que es digna de respeto y admiración. Pero igualmente respetable sería la opinión de quienes piensan que los símbolos religiosos en lugares públicos son legítimos.

¿A quien conceder la razón, cuando ambas posiciones son por definición dignas de honor y admiración?

No hay manera de solucionar la controversia de manera razonable si se acude solo a la tolerancia. Es entonces cuando sucede algo terrible: se busca la solución democrática, es decir, presión política.

Y se termina haciendo lo impensable: dar al gobierno el poder para implantar la solución, es decir, tomar partido por una de las dos posiciones.

Es decir, el poder político se convierte en el poder moral y de la razón. La pesadilla totalitaria que, sin buscarla intencionalmente, produce la nueva definición de tolerancia.

Post Scriptum

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