Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Prejuicios y Prejuicios
Eduardo García Gaspar
17 agosto 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Estamos acostumbrados a pensar que los prejuicios son malos y deben ser desechados.

Voy a poner esta creencia en tela de juicio, la que es una de las funciones de esta columna: salirse fuera de la caja del pensamiento simplista ofreciendo una razonada segunda opinión.

Digo que si alguien nos habla de prejuicios, sin pensarlo mucho, reaccionamos pensando que deben ser abandonados con urgencia. ¿Son todos los prejuicios malos?

No necesariamente. Un prejuicio es un juicio emitido sin análisis previo, que es el significado literal del término. Ese juicio, por tanto, puede ser bueno o malo, sin que influya el hecho de no haber una explicación que justifique el juicio.

Por ejemplo, la opinión inmediata de una persona que dice que robar es malo, es literalmente un prejuicio pues no expresa las razones por las que es negativa esa acción de tomar objetos que son propiedad de otro. Es un prejuicio bueno.

¿De qué nos sirven los prejuicios? Nos simplifican la vida. Gracias a ellos podemos sostener una serie de creencias sin necesidad de grandes estudios. Por ejemplo, no nos hace falta leer libros de teología y filosofía para aceptar las bondades de la propiedad privada.

Nos aprovechamos así de las ideas de otros sin tener que desarrollarlas de nuevo; no tenemos que reinventar la rueda cada vez cuando enfrentamos una situación que requiere nuestro juicio.

Sabemos que es bueno ahorrar, trabajar, prever; sabemos que es malo robar, matar, engañar, cometer fraudes electorales. Estos prejuicios, digo, son herramientas que simplifican nuestras vidas y creo lógico aceptar que vienen ellos de la experiencia acumulada de millones de vidas anteriores a las nuestras.

Es una manera de capitalizar las experiencias de los que vivieron antes y nos han heredado una serie de principios por diferentes medios: refranes, dichos, ideas, libros, teorías, mandamientos, principios morales y otros. Por esto es que siempre miro con recelo y sospecha a quienes sostienen que debemos deshacernos de todos los prejuicios y de todas las tradiciones.

No me parece aconsejable que de un plumazo tiremos por la borda las experiencias de cientos de generaciones anteriores, pues no puedo pensar que nosotros en nuestra época sepamos tanto como para decir que todos nuestros ancestros estaban equivocados de cabo a rabo.

Hay en eso demasiada soberbia y ceguera. Igualmente, por eso, valoro las tradiciones, así sean un tanto inexplicables a veces o superficiales, como el dar las gracias, el vestir con respeto a los demás y el no eructar.

Es así que no apoyo a los movimientos radicales que pretenden cambiar todo y construir un nuevo mundo ajeno a las tradiciones. No creo posible que ningún proponente de cambios radicales sepa lo suficiente como para suplantar el conocimiento heredado de las generaciones que nos precedieron.

Más aún, pienso que si nos preocupan las generaciones siguientes y las consecuencias que en ellas tengan nuestras acciones, por lógica también debemos preocuparnos por los generaciones anteriores y lo que de ellas aprendimos. No se trata de quedarnos quietos y de rechazar toda innovación, pero sí se trata de valorar las tradiciones.

Pongo un ejemplo muy ilustrativo de esto, el de la religión. Marx acusó a las religiones de ser un somnífero de las personas y junto con otros ha pedido la anulación de las creencias religiosas. Esto es arriesgado, tonto y arrogante.

Quitando esas creencias se retirarán tradiciones que son guías de conducta que sirven de consejeros en lo que decidimos hacer. Sin creencias como ésas, seremos fáciles presas de demagogos y fanáticos que harán de nuestras vidas un camino sin sentido propio.

El asunto de los prejuicios, por tanto, no es tan sencillo como decir que nos debemos deshacer de ellos para ser modernos y estar al día. Hay sin duda prejuicios malos, que conducen a consecuencias negativas, pero también hay prejuicios buenos que nos llevan por un buen camino.

Esto es especialmente importante de señalar en una nación como México, con baja escolaridad y baja calidad educativa. En esa masa de personas, muchos prejuicios pueden estar causando efectos positivos que orienten con valores las acciones de esas personas, sin necesidad de que ellas hayan pasado por elevados cursos de ética y teología.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Prejuicios y Prejuicios”
  1. Circe Dijo:

    Eduardo, al leer tu columna no puedo más que decir que abordas con gran prejuicio el tema de los prejuicos. Creo que sería conveniente partir de algunos conceptos básicos que te permitan diferenciar, a ti en primera instancia, lo que es un prejuicio, de una creencia, y de lo que son las costumbres. Me da la impresión de que los utilizas como sinónimos. Y es una pena que otras personas se pudieran formar un juicio a partir de tus comentarios.





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