Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rara y Muy Afortunada
Eduardo García Gaspar
11 julio 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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La posición sobre el tema es doble. Unos llaman hacia lo conveniente de hacerlo y otros afirman que no tiene sentido. Es la idea de hacer un nuevo recuento de votos, uno por uno, es decir, repetir lo que ya se hizo el 2 de julio por parte de los mismos ciudadanos en miles de casillas electorales.

Hay razones en pro y en contra.

Quienes están en contra tienen razones poderosas, pues las elecciones fueron consideradas muy satisfactorias por todos y, sobre todo, el recuento no lo harían los mismos ciudadanos, sino otras personas personalmente involucradas y con intereses en juego.

Las actas, además fueron firmadas y aprobadas por representantes de partidos. Son razones poderosas que, por si fuera poco, están dentro de la misma ley.

Quienes desean abrir las urnas para contar uno por uno de nuevo, otra vez, los votos tienen un argumento a su favor, uno de sentido común: la diferencia del ganador sobre el perdedor es muy pequeña y debe garantizarse que esos votos sean realmente válidos y hayan sido bien contados.

Lo que dicen es que los ciudadanos que se encargaron de contar los votos pudieron equivocarse. Puede ser, pero todas las evidencias indican que no.

Entre esas dos posiciones, que son las que comúnmente se discuten en público, hay un par de aspectos que deben ser considerados. Uno de ellos es la de la prudencia y el otro es la moderación. Vayamos por partes. Primero, eso de la prudencia.

Un ejemplo de lo que quiero decir proviene de un editorial extranjero, del NYT. Allí se habla de que los candidatos deben dar muestras de responsabilidad y de abstenerse de incitar a marchas que dañen la estabilidad política de la nación. Incluso menciona que el candidato del PRD ha promovido su carrera “invitando” a sus partidarios a protestas. Otro diario hizo algo similar.

El País, de España, mencionó la realidad de elecciones muy cerradas y de lo peligroso que es el llamar a protestas y marchas en un país “donde la violencia está a la orden del día”. Otro diario español, el ABC, incluso habla de irresponsabilidad en la conducta del candidato del PRD.

La irresponsabilidad no está en los procedimientos legales que puedan seguirse. La irresponsabilidad está en azuzar a sus partidarios convenciéndolos de que las elecciones fueron fraudulentas. La misma idea ha sido mencionada dentro de México por muchos.

Ésa es la falta de prudencia a la que me refiero: hacer afirmaciones gratuitas e infundadas que muchos de sus partidarios creerán ciertas y actuarán en consecuencia. La conducta de López Obrador ha llegado al clímax de la imprudencia y dañado a una democracia que está naciendo.

Cuando nos habíamos quitado de encima la maldición de elecciones fraudulentas de décadas y tenemos fe en las actuales, su sed de poder le lleva a lanzar acusaciones infundadas, fuera del proceso de un estado de derecho.

Una de las más grandes cualidades del buen gobernante es la prudencia, la capacidad de ver las consecuencias de sus acciones en el corto y largo plazos. Ya constatamos que este candidato no es prudente. La otra gran cualidad del gobernante es la moderación, todo eso que se relaciona con la mesura, la sobriedad, el comedimiento, la templanza. La calma ante la adversidad y también ante la fortuna.

Otra cualidad que reprueba este candidato. Moderación hubiera sido el seguir los procedimientos legales de protesta por los resultados, sin llamar a las calles a sus partidarios, sin pedirles una marcha nacional. Al contrario, la moderación hubiera pedido tranquilidad y, ante todo, no hacer marchas solicitando a sus partidarios que confiaran en las leyes. La democracia no se hace en la calle, sino en el diálogo de los poderes de los gobiernos.

Lo que sucede en este país, ahora mismo, es único, pues los ciudadanos tenemos pruebas de la conducta de uno de los candidatos y de lo que hubiera podido hacer de ser presidente. Sus acciones muestran la falta de dos de las cualidades que un buen gobernante, la prudencia y la moderación.

López Obrador no las posee, como lo ha mostrado haciendo afirmaciones infundadas, incumpliendo sus promesas, ignorando la ley y llevando a sus partidarios a la calle. Rara, pero afortunada ocasión de ver con anticipación lo que habría sido su presidencia.

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