Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Secreto Socialista
Eduardo García Gaspar
21 septiembre 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Si usted le quita las palabras bonitas, las expresiones que buscan aplauso, las buenas intenciones y los lamentos por desigualdad y pobreza, queda muy poco, casi nada. Estoy hablando del socialismo y su esencia.

Lo digo en serio, muy en serio. Hace ya mucho tiempo tuve la fortuna de encontrarme con un socialista con el que se podía hablar sin que recurriera a insultos. Le pedí que me explicara el socialismo en pocas palabras. Habló de sus buenos propósitos, de la construcción de una sociedad justa, de la ayuda a los de menos ingresos, de la igualdad humana, de los abusos de las grandes empresas, de una economía creciente en la que todos participaran… en fin, me dio la letanía usual.

Le dije que no era eso lo que yo quería, que lo que le había pedido no era una lista de buenas intenciones (todos las tienen) sino de cómo se lograrían esos objetivos. Le insistí en el punto: “dime la forma, la manera, cómo es que el socialismo pretende lograr todo eso que es tan bueno”.

Me dijo que por medio de impuestos, de comisiones de gobierno, de más gasto público, de planes económicos, de más leyes.

En total, más gobierno. Fue una buena definición. Es la misma que dio un libro reciente de autores socialistas, “Un México para Todos”. La lectura del libro coincide con esa definición de socialismo: todo se resuelve con mayor intervención del gobierno, comisiones, leyes, impuestos, programas, planes, institutos, reglamentos, apoyos. Otros libros dan definiciones similares.

Entonces es que esto se pone interesante. Si la solución a los problemas que se tienen es una participación mayor del gobierno resultará conveniente echar un ojo no al gobierno en sí mismo, sino a los gobernantes. Después de todo, ellos son los que forman el gobierno y los que deciden lo que el gobierno hace. Es un asunto de mera prudencia.

Si la propuesta central y esencial del socialismo es la de dejar las soluciones de nuestros problemas en manos de los gobernantes, es una cosa natural el examinar quiénes son esos que van a arreglar todos nuestros problemas. Esto significa una cosa asombrosamente simple, que no requiere saber de economía, ni de política: examinar a nuestros gobernantes, presentes y pasados.

Examinarlos pensando en su capacidad, preparación, experiencia y honestidad. Y seamos honestos, ¿a cuál de ellos le prestaría usted su coche, o le daría un préstamo? No creo que a uno solo de ellos, y cuando mucho a dos o tres.

Los hemos visto por décadas y no hay día en el que no exista un escándalo, una tontería, un acto de corrupción, una ley mal hecha, un impuesto mal planeado, un beneficio indebido.

Los gobernantes, mucho me temo, no pasan la prueba que les exige el socialismo que supone que ellos deben ser perfectos, honestos, conocedores, desinteresados, prudentes. Hay muy pocas personas con tantas cualidades y ellas no son atraídas por la política.

Todo esto bien vale una segunda opinión porque el gobierno mexicano es de clara tendencia socialista: todo quiere solucionarse por medio del gobierno. Esa es la estrategia constitutiva del gobierno mexicano, incluyendo al PAN.

En el PRD es su principio fundamental abierto y en el PRI, el implícito. Es lo que escribió López Obrador en “Un Proyecto Alternativo de Nación”, que no es un proyecto de nación sino un proyecto de un gobierno más grande y poderoso.

Ese es el problema del socialismo. Cierto que se han apuntado otros muy serios, como la imposibilidad de tener precios, o la de una antropología equivocada. Pero no hay que irse tan elevados. Basta ver a los gobernantes en su desempeño diario para convencerse de que lo mejor que puede hacerse es quitarles facultades, no darles más. No se trata de bonitos objetivos, sino de realidades diarias.

Yo no confiaría mis ahorros poniéndolos en manos de un gobernante, ni mi vida, ni mis propiedades. Basta verlos y escucharlos para convencerse de que lo mejor que puede hacerse es tener un gobierno con menos poderes menos concentrados. Y es que al final de cuentas, la base del socialismo es tan endeble y tonta como los gobernantes que se tienen.

Post Scriptum

• Los libros citados son

Enrique Calderón Alzati, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, René Coulomb Bosc, Roberto Eibenschutz Hartman, Carlos Lavore Herrera, Jorge Martínez Almaraz, Julio Moguel Viveros, Salvador Nava Castillo, Telésforo Nava Vázquez, Francisco Pérez Arce, Emi (2005). Un México Para Todos: Construyamos Un País De Iguales Con Justicia, Libertad y Soberanía. (Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (coordinación)). México DF. Fundación para la Democracia/Fundación Arturo Rosembluth/Planeta. 9703702619. Hay un análisis aquí.

López Obrador, Andrés Manuel (2004). Un Proyecto Alternativo De Nación. México. Grijalbo. 9685956979. Hay un análisis aquí.

• Una nota interesante al respecto está en Chesterton, Cecil (2007). G. K. Chesterton, A Criticism. Seattle, WA. Inkling Books. 9781587420597 pp. 21 y 22. Al hablar de su hermano, Cecil, Gilbert K. Chesterton menciona un punto similar: un socialista como su hermano supo poner en el banquillo al socialismo viendo su esencia: examinar al gobierno y los gobernantes en los que debe confiarse sin límites.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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