La definición de gobierno y el problema de cómo gobernar personas. El problema de poner atención en la definición de gobierno olvidando que en realidad se trata de personas gobernándose a sí mismas.

Introducción

Un asunto complejo que debe iniciar con algunas definiciones. Comencemos con la de ‘gobierno’. La idea es simple:

«Órgano superior del poder ejecutivo de un Estado o de una comunidad política, constituido por el presidente y los ministros o consejeros». dle.rae.es

El poder máximo que dirige a un país o comunidad. Esto es dirigir, controlar y administrar. Es lo que está contenido en la definición de gobierno:

«El Gobierno (del griego: κυβερνέιν kybernéin ‘pilotar un barco’ también ‘dirigir, gobernar’) es el principal pilar del Estado; la autoridad que dirige, controla y administra sus instituciones, la cual consiste en la conducción política general o ejercicio del poder ejecutivo del Estado». es.wikipedia.org

O, más brevemente:

«El gobierno es, normalmente, la autoridad que dirige, controla y administra las instituciones del Estado el cual consiste en la conducción política general o ejercicio del poder del Estado». educalingo.com

La función de gobernar

No hace falta ir más allá de lo anterior para entender qué es un gobierno. Examinando los sinónimos de gobernar podrá comprenderse la idea general: mandar, dirigir, administrar, regir, conducir, guiar, manejar, presidir a una comunidad entera.

Un gobierno, por tanto, es una autoridad dentro de una comunidad, la de mayor poder que existe dentro de ella. Esto plantea la necesidad de atender al otro elemento de esa definición, es decir, a la comunidad gobernada.

Examinando este elemento es la manera de plantear el tema central, ¿cómo gobernar a personas?  Porque eso es lo que en realidad hace un gobierno. No gobierna a una comunidad realmente, ni a una sociedad. Gobierna a las personas que forman esa sociedad o comunidad.

¿Cómo gobernar a personas?

Poner demasiada atención en la definición de gobierno hace olvidar la otra parte, la del sujeto gobernado. Y si este sujeto es descrito impersonalmente con términos como ‘sociedad’, ‘comunidad’, ‘nación, ‘país’ o similares ello causará problemas.

Los problemas de olvidar que todas esas entidades colectivas son en la realidad grupos de personas. Los gobiernos no gobiernan sociedades realmente, ellos gobiernan personas. El gran asunto, por tanto, es el cómo gobernar personas, lo que lleva a tener que comprender ese concepto.

La idea de personas

Entender el concepto de persona es verla con atributos que en conjunto la definen:

  • naturaleza humana
  • singularidad o individualidad única e irrepetible
  • capacidad de raciocinio
  • naturaleza libre
  • conciencia
  • imperfección

¿Cómo las personas pueden gobernarse a sí mismas?

Pueden tenerse las más refinadas definiciones de gobierno, que ello de poco servirá si no se incluye allí el punto medular.

Decir que un gobierno es la autoridad máxima que dirige a una comunidad o sociedad pasa por encima del real problema de un gobierno, que es el de cómo gobernar a personas.

Lo que en realidad significa examinar el asunto de cómo las personas pueden gobernarse a sí mismas. Un asunto que se olvida con frecuencia y que ignora la realidad innegable de que los gobernantes son también eso, personas.

O mejor expresado, el centro de la naturaleza de un gobierno es cómo personas imperfectas pueden gobernar a personas también imperfectas.

La imperfección humana

Es parte de la persona el ser imperfecta, esto es decir que ellas (1) pueden equivocarse en sus decisiones y (2) pueden cometer acciones malas o reprobables.

No existe posibilidad alguna de tener un gobierno exento de imperfecciones, es decir, equivocaciones y acciones malas. Por tanto, la imperfección humana muestra el drama que existe en el cómo gobernar a personas: personas imperfectas gobernando a personas imperfectas.

El olvido de esta realidad es lo que suele ocasionar las mayores tragedias de la política. Suponer que los gobiernos puedan estar cercanos a la perfección es un error colosal de la política.

El centro de las dificultades de todo gobierno es, por tanto, el de cómo puede confiarse a personas imperfectas la autoridad y el poder de gobernar a otras personas igualmente imperfectas.

Las soluciones

Esas dificultades no tiene soluciones absolutas que las hagan desaparecer, pero sí tienen remedios que aminoren los defectos que produce la inevitable imperfección de los gobernantes y gobernados.

Realismo escéptico

Es la aceptación de que inevitablemente todo gobierno está formado por personas imperfectas que tomarán decisiones imperfectas. Ningún gobierno, en ninguna parte, en momento alguno, puede ser perfecto.

Todo gobierno, siempre y sin excepción está sujeto a cometer equivocaciones y realizar actos reprobables. Todo lo que puede ambicionarse es que esa imperfección sea mantenida a mínimos razonables.

Por eso se ha desarrollado la noción de gobernanza, que es la determinación de la calidad de quiénes gobiernan y cómo lo hacen. Más aún, se vuelven imposibles los regímenes propuestos con frecuencia que prometen sociedades perfectas condicionadas a implantar las decisiones de un gobierno.

Si los gobernantes son imperfectos y las personas también, la conclusión es obligada, ninguna sociedad podrá ser perfecta jamás. El cómo gobernar a personas debe aceptar esa realidad y mostrar sospecha ante lo que R. Scruton llamó optimismo sin escrúpulos.

División del poder

Esta es una solución práctica al problema de cómo gobernar personas imperfectas con autoridades imperfectas. Se conoce como división del poder político y del poder en general en una sociedad. La vieja y sabia idea de Montesquieu.

Nunca, jamas, es conveniente que los gobernantes concentren gran poder. La historia una y otra vez ha mostrado que todo poder tienden a ser abusado y que ese abuso aumenta con la cantidad de poder que se tiene.  Peor aún, el poder tiende a embrutecer.

La noción de república y ley

Este es un freno a la exageración y abuso del concepto de democracia, que puede con facilidad entenderse como la voluntad sin condiciones de la mayoría.

Este exceso democrático, entendido como votación mayoritaria, es un riesgo de dictadura y pérdida de las libertades de las personas.

Aplicar la idea de república es una manera de imponer límites a la democracia y hacer entender que esta tiene requisitos y condiciones que permitirán a personas gobernar a otras personas, todas imperfectas.

Otra manera de permitir que las personas se gobiernen a sí mismas es la idea del imperio de la ley, eso que se conoce como estado de derecho. Donde se aplican conceptos como el constitucionalismo.

En resumen, ¿cómo gobernar a personas?

Comprendiendo que cualquier definición de gobierno que se ofrezca, ella debe contener un principio precautorio considerable: ningún gobierno podrá jamás ser perfecto.

Todo gobierno es en realidad un gobierno de personas imperfectas que se gobiernan entre sí. Solamente pensando así puede resolverse el problema de cómo gobernar a personas.

Y todo con una condición inapelable: entre ellas deben respetarse sus libertades.

Y otra cosa más…

Conviene ver

Bonus track: más sobre el cómo gobernar a personas y el impacto en la definición de gobierno.

Capacidad de Auto Gobierno

La idea es simple. Todos la pueden entender. Incluso pueden explicarla entre sí.Más aún, la idea se convierte con facilidad en un ideal. Se convierte en una meta política que casi todos ambicionan.Esto, al menos, en la superficie.

Me refiero a la democracia. Su idea base es la definición de un gobierno de gente que puede auto gobernarse. De que puede elegir representantes como instrumentos para emitir leyes que la gente misma respetará.

La premisa contiene, además, un mecanismo de defensa popular.

Control de abusos

Sabiendo que la gente puede gobernarse el riesgo a evitar es el obvio, un gobierno excedido. ¿Como controlar los abusos de poder?

La herramienta es la división de poderes, las elecciones periódicas, los gobiernos locales y el resto de los pesos y contrapesos entre las partes del gobierno.

Viendo el fondo de la democracia, puede entenderse la disyuntiva política: el gobierno grande, poderoso e incluso tiránico versus el gobierno de la gente, en la que reside la soberanía.

Ella el cómo gobernar a personas bajo la idea de que ellas pueden gobernarse a sí mismas y vivir así en orden, creando un ambiente de confianza en el que cada persona pueda dedicarse a sus asuntos pacíficamente.

La presunción central

Examinemos la premisa central de la democracia, la de que las personas tienen la capacidad para gobernarse a sí mismas.

Visto desde el otro lado, la conclusión es lógica: donde las personas no tengan esa capacidad, la democracia no podrá implantarse.

Aunque sea una conclusión con mucho sentido común, ella necesita determinar con mucho más claridad qué es eso de que los ciudadanos tengan la capacidad para gobernarse por sí mismos. Sería irreal que eso significara la totalidad de los ciudadanos.

Siempre habrá incapaces de hacerlo por razones biológicas y mentales. Pero, más aún, siempre habrá personas comunes y corrientes que por otras razones tampoco lo sean. Posiblemente eso se deba a su baja educación, o a su carácter, historia, posición o lo que sea.

Es posible especular sobre el tipo de sociedad en la que razonablemente puede presuponerse que existe la capacidad de gobernarse a sí misma.

Por ejemplo, un cierto nivel de prosperidad creciente, que ha formado una clase media capaz de generar suficiente ingreso familiar como para vivir cómodamente.

También, donde existe una cierta mentalidad constitucional o legal, un deseo de vivir bajo la ley de manera ordenada.

Sobre todo, una mentalidad que ha sufrido los efectos de poderes políticos excedidos, típicamente de monarcas absolutos y que provoca una reacción de odio hacia la expoliación del patrimonio personal de la clase media amplia.

Por supuesto, puede pensarse en otros rasgos, como un cierto ambiente intelectual propicio a la libertad, tradición arraigada de estudio e investigación que persigue la verdad y el conocimiento.

¿Qué sucede donde se implanta una democracia y no existen esas condiciones?

Supongamos que la clase media no sea la mayoritaria, que los niveles de educación sean reducidos, que no exista el recelo frente al gobierno capaz de saquear los patrimonios personales; que no haya una tradición intelectual de investigación libre.

¿Qué sucederá aquí si llega a implantarse un sistema democrático con elecciones y división del poder?

Muy probablemente, esa democracia respete su sentido original durante poco tiempo. Irá ella transformándose en otra cosa muy distinta y opuesta al sentido original. Venezuela es un caso representativo extremo de democracia convertida en dictadura.

Similares casos pueden verse donde sea que la democracia haya abierto las puertas a dictadores con poderes excedidos, como en algunas partes de África y América Latina.

La definición de gobierno, un esquema democrático inexistente

El fenómeno puede verse esquemáticamente.

• Sin una población mayoritaria que tenga capacidad para gobernarse a sí misma, será la población mayoritaria sin esa capacidad la que se convierta en el segmento a cultivar por parte del gobernante.

• Este gobernante se ofertará a sí mismo como el medio para gobernar según su voluntad, la que representa al pueblo (es decir a la mayoría incapaz).

• Se creará así un gobierno exactamente opuesto al ideal original de la democracia: enorme, caro, poderoso y que con frecuencia cae en manos de incapaces, soñadores y sedientos de poder.

En resumen, lo que he querido hacer es examinar la premisa central de la idea democrática, la de suponer que la gran mayoría de la población tiene la capacidad y el deseo de gobernarse a sí misma.

Esta es la forma de resolver el problema de cómo gobernar a personas.