Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Seguimos Muy Locales
Eduardo García Gaspar
1 mayo 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La globalización es tema caliente, uno que puede ser desde el más grande de los villanos hasta el mayor de los héroes. La globalización lleva imágenes poderosas en sí mismas: países sin fronteras, acceso inmediato a bienes de todo el orbe, comunicaciones instantáneas, transportes ilimitados, libre flujo de ideas y mucho más.

¿Cierto? Menos de lo que nos imaginamos. Tal es el punto de Pankaj Ghemwat en un artículo de Foreign Policy (Marzo/Abril, 2007).

Y le doy toda la razón, al menos en ciertas ocasiones, como cuando tuve que comprar un pasaporte legal al gobierno mexicano para que otros países me dejaran entrar en ellos. O como cuando tuve que tramitar una visa para visitar EEUU. Eso no es globalización, al contrario.

Ghemwat ha sido más sistemático que yo con mis impresiones personales. Él usa cifras de inversión extranjera para probar su punto, aún una cifra pequeña en relación a la inversión local: menos del 10 por ciento en promedio mundial. Es decir, por mucho la mayor inversión local es de fuentes locales. Lo mismo sucede en otros rubros.

¿Inmigración en relación a población? Lo mismo, al igual que las llamadas internacionales y las acciones caritativas. Somos más locales de lo que nos gusta clamar. En 1930 si usted quería hacer una llamada de Nueva York a Londres, ella costaba unos 350 dólares, para 2000, unos 40 centavos de dólar y en estos días prácticamente cero si se usa Internet… pero las llamadas siguen siendo locales en su gran mayoría.

Otro ejemplo de Ghemwat: el comercio de Canadá interno es de 10 a 1 en relación al que tiene con EEUU. Antes del NAFTA, era de 20 a 1. La imagen del mundo plano parece no corresponder a la realidad. Dice el autor que es posible chatear con gente de todo el mundo, pero la mayoría de las personas con las que se hace viven a unos pocos kilómetros entre sí.

Cierto, ahora puedo contar con encontrar Heineken en casi cualquier supermercado en México y eso es ganancia para mí, pero para pasar a los EEUU tengo más dificultades que esa lata de cerveza. Libros y libros se escriben sobre la globalización exaltándola como una realidad que, la verdad, ha sido exagerada. No tengo dudas, además, de que ella es asimétrica. No todos tienen el mismo nivel de globalización.

Los productos locales de la UE pueden moverse dentro de esa zona sin dificultad, pero intentar llevarlos desde otras partes es un cuento diferente. La UE no es una muestra de globalización, sino de burocratización.

México, un país miopemente cerrado por decreto gubernamental durante décadas, se abre en los 80, pero aún tiene impuestos compensatorios enormes para la importación. Y, existen países cerrados, como Corea del Norte o China o Cuba, donde el internet es limitado o anulado.

Mi punto es simple: quizá nos hemos mareado con la moda de un concepto muy cacareado y poco sustentado. Hubo épocas, he leído, de mayor globalización antes de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, o en tiempos idos en los que un pasaporte era algo desconocido, lo mismo que una oficina de aduana. Quizá vamos en ese camino, pero la globalización real vendrá en el futuro. No es ahora.

Nuestra estructura mental es tremendamente local. Adam Smith hablaba de los inversionistas y cómo ellos prefieren siempre a su país, o casi siempre. Y creo que fue él quien aseguro que si un día en el periódico leemos que en un terremoto murieron miles en un país remoto, ello nos producirá menos alteración que el robo que sufrió nuestro vecino.

De las opciones posibles al respecto, creo que la más razonable es la de movimientos libres mundiales. ¿Por qué no puedo comprar cerveza de un alemán? ¿Porque a un burócrata se le ha ocurrido limitar mi libertad de compra? ¿Porque a un legislador se le ha ocurrido proteger a las empresas locales y hacerme pagar más? El estado más natural, me parece obvio, es el de poderle comprar al alemán lo que yo y él acordemos, sin trabas artificiales.

Parece que vamos en esa dirección positiva de libertades, pero hay enemigos: los cortos de vista, los gobiernos y, ahora, otro opositor, el terrorista. Lentamente pero nos vamos moviendo e idealmente llegaremos a ese estado de libre movimiento, aunque siempre está ese riesgo del regreso a la cerrazón. Por lo pronto, acabando de escribir esto, abriré una Heineken y disfrutaré de una parte de la globalización.


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