Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pacto e Impacto
Eduardo García Gaspar
5 diciembre 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Tiene su nombre. Se llama Pacto por México.

Tiene sus puntos buenos. Sobre todo, sus indicios de, al fin, tener colaboración entre partidos políticos.

Incluye una lista de 95 compromisos de acción del nuevo gobierno mexicano.

La esencia no está mal, nada mal, en ese sentido de cooperación política.

Pero no está exento de algunas cosas muy cuestionables.

Una de ellas, el del seguro de desempleo. La intención de implantarlo tiene un costo financiero de consideración. Abre, además, la puerta a futuras ampliaciones y extensiones. Es algo que debe manejarse con cuidado.

Ese seguro de desempleo tiene el efecto de incentivar el desempleo y se duplica con algo ya existente, el costo alto de despido que tiene el mismo propósito. Esta acción es parte de lo que haría un estado de bienestar, ese que tiende a crear crisis por falta de fondos estatales.

Mi punto es negativo al respecto: demasiado costo, casi imposible de retirar en momentos de crisis, desvío de fondos gubernamentales de mejores usos.

Otra acción que también es populista, el derecho al acceso de banda ancha. Esto es basura. Una distorsión de la noción de derechos.

Más empleo de fondos estatales que pueden usarse mejor en otras cosas. Por supuesto, usted tiene derecho a banda ancha de Internet, siempre que pague por ello a quien provea el servicio. Y hasta allí.

Nadie tiene derecho a eso cuando lo pagan terceros, que es lo que sucede si ese derecho se interpreta como una obligación gubernamental. Bajo esta forma de ver las cosas, el gobierno toma recursos de unos y con ellos da un servicio de internet a otros.

No es precisamente algo justo que la autoridad haga de repartidor de favores (por no mencionar la posibilidad de censurar el medio y la de dar un servicio malo).

El común denominador de esas dos acciones del Pacto Por México es muy diáfano. El gobierno se ve a sí mismo como un repartidor de favores, un distribuidor de beneficios.

Con un mecanismo fascinante, el tomar dinero de los ciudadanos para devolverles esos servicios y favores. Es como si yo le pido a usted dinero para comprarle lo que yo creo que usted necesita.

Ese mismo común denominador puede verse en otra de las acciones del pacto. Se pretende hacer que los bancos presten más y a menor costo. No es nueva la idea. Se ha hecho y suele ser la etapa anterior a una crisis económica posterior.

Al abaratar el crédito, se distorsiona el costo de las inversiones y las decisiones se toman bajo condiciones falsas. Se hacen más inversiones creyendo que son baratas, cuando no lo son. Eventualmente, la realidad retorna y su sufren créditos impagables.

Ninguna de estas tres cosas que he apuntado es un conocimiento secreto. Están escritas en libros. Ha sido reportadas en medios. No puede alegarse ignorancia, ni desconocimiento.

Esto es lo que fascina, que políticos a los que suponemos más o menos capaces actúen como si no conocieran estas cosas. Usted los ha visto, con una sonrisa en la boca declaran que bajarán las tasas de crédito, o cualquier otra cosa de igual calibre.

El pacto, mucho me temo, tendrá impacto. Nadie puede prometer servicios médicos para todos, ni pensiones a todos, ni seguros de vida a madres, ni regalar computadoras, ni dar becas, ni cosas por el estilo sin ver el impacto económico en las finanzas del gobierno.

El impacto del pacto, mucho me temo, no ha sido estudiado. Y esa es una falta grave de esas 95 cosas que se han comprometido a hacer.

Estos impactos pasan desapercibidos en medio de las buenas intenciones y de la buena noticia, al fin, de una intención de colaborar entre sí los partidos (con una seria duda interna del PRD, que no es sorpresa).

No llamará mucho la atención que el pacto intente por enésima vez que el gobierno reactive el campo para lograr seguridad alimentaria con, entre otras cosas, el remedio de siempre: crédito fácil y tasas preferenciales y subsidios.

El nuevo gobierno en México sigue siendo el mismo gobierno de siempre. Uno que se cree indispensable y capaz de todo. Décadas han demostrado que no lo es.

Será este un gobierno nuevo, pero la mentalidad que tiene es la misma de siempre, suponerse indispensable. No entender que su papel es otro muy distinto: dejar a los otros mexicanos libres para que sean ellos los que hagan las cosas que ellos creen mejor.

Post Scriptum

Escuché a una persona decir que tiene esperanzas en el nuevo gobierno. Esta sensación es la que suele generar un cambio de gobierno en muchas partes. Pero ese cambio de gobierno no es un cambio de mentalidad. Los gobiernos mexicanos, por regla general, han sido muy similares en su filosofía intervencionista, paternalista, corporativista y distribucionista.

PRI y PAN, por lo vivido hasta ahora, tienen esa misma mentalidad y entre ellos no hay diferencias ideológicas importantes. El PRD, por su parte, representa un extremo de esa misma mentalidad intervencionista. No hay un partido en México que sea liberal.

El documento oficial completo en PDF puede ser descargado de los archivos de ContraPeso.info en Pacto-por-Mexico.

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