Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Restaurante Sin Precios
Eduardo García Gaspar
28 enero 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Los ejemplos cotidianos explican bien las cosas. androjo

Puede uno leer una extraordinaria explicación teórica, pero quizá ella no sirva tanto como un caso concreto para entenderla mejor.

Un ejemplo de esto es una crítica económica del socialismo.

Se dice y es comúnmente aceptado, que el socialismo falla necesariamente porque no contiene ningún mecanismo que permita la formación de precios reales y por eso es que no tiene manera de usar recursos de manera productiva e ignorar así qué se necesita en realidad.

Es decir, el socialismo fallará por desperdiciar recursos. Es un sistema ineficiente.

Muy bien, se entiende la crítica. Es real. Es cierta. Pero aún así se queda uno con ganas de verla en la vida práctica, con un caso que la ejemplifique.

Hagamos eso precisamente. Pero antes, apunto que esa critica aplica también a las medidas gubernamentales que distorsionan los precios, desde subsidios e impuestos hasta la planeación central.

Ahora vayamos usted y yo a un restaurante. Nos sentamos en la mesa. No, mejor en las sillas.

Viene el mesero y pregunta si tomaremos una copa antes de comer. Usted pide ron y yo pido tequila. El mesero va a otra mesa y pregunta a un hombre sentado allí si hay esas dos bebidas y qué precio tienen. El hombre toma su teléfono y hace varias llamadas.

Veinte minutos después, el mesero regresa. Nos dice que el ron tiene un costo de dos pesos y que el tequila cuesta mil pesos. Decido cambiar de bebida y pido ron también.

Ahora el mesero va con el mismo hombre, quien vuelve a hacer llamadas. Regresa el mesero y nos dice que el ron sigue valiendo dos pesos, pero que no tiene, que podemos tomar whisky.

Pedimos whisky y vuelve a suceder lo mismo. El mesero va con el hombre, quien vuelve a hacer llamadas. El mesero regresa y nos dice que sí hay whisky y que cada copa cuesta diez pesos.

Aceptamos y nos trae los tragos, servidos en tazas. El hielo se cobra por separado, pero no hay.

Intrigados, preguntamos qué pasa. Nos enteramos: el hombre en la otra mesa recibe la información de las solicitudes de los clientes y entonces habla a la oficina central para preguntar el precio de cada bebida, de cada ingrediente de cada plato.

Es así que se decretan los precios.

Es la razón por la que no hay vasos para los tragos, sino tazas, porque ellos eran más baratos en un momento, por lo que aumentó su demanda y ahora hay escasez.

Los otros clientes, al lado nuestro, recibieron sus tragos en un plato de sopa. Más aún, la producción de platos, vasos y cubiertos fue determinada por la oficina central.

Un comité central determinó la cantidad de vasos y platos que debían producirse. Cometió un error y en todo el país, hay sobrantes de platos, pero escasez de vasos. Ya que había pronóstico de frío, decidió el comité no producir hielo.

Nos enteramos de esto, mientras sufrimos un corte de luz. El mesero en ese momento nos deja diciendo que le han asignado un trabajo por las tardes en una planta industrial que enlata brócoli hervido, que el comité cree que tendrá gran demanda.

Terminamos usted y yo el whisky y no podemos continuar la comida, no hay mesero ni electricidad. Vamos con el hombre que hace las llamadas al comité central y conversamos con él.

Nos dice que los planes económicos están saliendo a la perfección, excepto por pequeños fallos, como la abundancia de pasta dental pero la escasez de papel de baño. Falta acero, nos dice, pero eso ha producido menos carros y se piensa que la contaminación será menor.

La falla eléctrica será corregida en unos meses, cuando opere el subsidio a los paneles solares, nos informa. Aunque esos paneles se han producido a tal velocidad que presentan fallas notables.

Toda la situación muestra lo que sucede cuando los precios son determinados por una entidad central que fija las cantidades a producir según sus pronósticos. Sucede lo mismo cuando la autoridad distorsiona precios con impuestos y regulaciones.

Ahora, nos cuenta el hombre, existe un impuesto a bebidas azucaradas, pero se da un subsidio a la industria azucarera por la afectación en sus ventas.

Añade que el impuesto a los alimentos para mascotas ha creado una demanda adicional de carne que ha alterado a los fabricantes de embutidos.

Finalmente, se muestra el hombre queriendo ser nuestro amigo y nos ofrece tequila. Saca una botella de debajo de la mesa y nos dice que se la ha vendido un amigo que trabaja en la fábrica a un precio por debajo del decretado por el comité central.

La lección es obvia. Cuando se manipulan los precios de las cosas, por decreto de una autoridad central, se distorsionan esos precios y se dificulta el conocer las preferencias de la gente y, peor aún, se hace imposible tener una contabilidad realista de los negocios.

¿Cómo calcula ese restaurante su utilidad si el precio de las cosas está determinado por alguien en una oficina? Los precios distorsionados alteran la veracidad de la información que reciben vendedores y compradores, y eso les impide tomar decisiones razonables y eficientes.

Nota del Editor

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