Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Estado-Nana
Eduardo García Gaspar
1 junio 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las ideas que realmente importan, me han dicho, son las que flotan en el aire de la sociedad, sin darse mucha cuenta de ellas, hasta que son señaladas por alguien que las pone en palabras que al principio todos rechazan y más tarde consideran obvias. Quizá un caso de estos sea el siguiente.

Recibí el comentario de un lector quien me escribió lo siguiente,

“El Estado con su brazo de gobierno deberá poner las condiciones para el bien común que no es otra cosa que cada uno de los individuos logre su perfección como persona. Como no somos sólo materia y el espíritu tiene que desarrollarse, necesariamente deberá también poner las condiciones de la libertad religiosa y todo lo que de ahí se deriva”.

Lo que hizo el lector es realmente profundo: le dio al gobierno un papel diferente al aceptado ahora en México. No es un gobierno que busca el bien común, sino uno que pone las condiciones para ese bien común. Para que nos entendamos, no es un estado que regala útiles escolares. La distinción puede parecer sutil, pero es gigantesca.

Y a esto se unió lo escrito por otra persona, Benedicto XVI, hace poco.

“El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio”.

Es otra manera de expresar lo mismo, la redefinición del gobierno, para redimensionarlo a una idea más natural, la de dejar que las personas sean lo que ellas quieren ser. Sin depender de nadie más que ellas mismas. Y tiene que ver mucho con otro pensador, de esos que sueltan ideas realmente fuertes y que van al fondo del asunto.

Me refiero a Lord Acton. Dijo él que

“Es malo ser oprimido por una minoría, pero es peor ser oprimido por una mayoría… el gobierno de todos, siendo el gobierno de la clase más poderosa es un mal de la misma naturaleza que una monarquía ilimitada y requiere, por casi las mismas razones, instituciones que la protejan contra sí misma y sostengan el permanente reino de la ley en contra de las revoluciones de la opinión”.

El asunto suena abstracto y por eso causará bostezos, pero tiene un impacto inmenso en la vida del país. Hay ideas que son opuestas a lo anterior y que hacen de los gobierno-nanas a cargo de la felicidad total de los ciudadanos, los que por necesidad son vistos como infantes incapaces de hacer otra cosa que votar por la nana que les promete dulces y juguetes.

El gobierno-nana tiene un nombre técnico. Le dicen Estado de Bienestar o Benefactor y es el que promete instaurar uno de los candidatos a la presidencia, el del PRD. Es un gobierno que carcome a la persona, volviéndola cliente de los políticos, de los que depende.

Corroe la esencia misma del hombre, volviéndole un esclavo del estado a cambio del plato de lentejas, de los útiles escolares, de la pensión alimenticia. Pero hay una idea mejor a la del estado-nana. Es la idea del gobierno de gente libre que en las autoridades tienen a una institución que les crea las condiciones para que ellos sean lo que quieren ser y lo sean por ellos mismos, con sus libertades y sus responsabilidades.

Es un gobierno que establece un estado de derecho, construido bajo principios que no están sujetos a los vaivenes de la popularidad: justicia, libertad y responsabilidad. Quizá en el fondo sea ése el gran tema de las elecciones en la mayoría de los países: la elección del gobierno-nana o la del gobierno de gente libre.

No es una disyuntiva que pueda ser entendida por la mayoría del electorado, incapaz de pensar más allá de personalidades y chismes del día… no creo que siquiera muchos intelectuales lo entiendan.

Pero en realidad eso es lo que está en juego. Las personas somos anteriores a los gobiernos y nuestras libertades son previas. Ninguna institución puede retirarlas, así sea con las mejores intenciones. Y sin embargo, existen plataformas electorales que al final eso proponen, acabar con la esencia misma del ser humano.

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