Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuidadanos Apagados
Eduardo García Gaspar
28 mayo 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Poco más de una semana después de que en México se lanzara la alerta formal sobre la nueva influenza, sucedió algo muy interesante en la radio.

No fue la entrevista a alguna de las celebridades políticas o médicas. Fue una sencilla entrevista a una mujer, una ciudadana común en la Ciudad de México.

Se lamentaba ella de la falta de tapabocas y, sobre todo, de que el gobierno no las estaba repartiendo. Esos artículos los comenzaron a usar como un medio para evitar los contagios del virus.

La persona dijo sentirse desprotegida y con más probabilidades de contagiarse, todo porque esperaba que el gobierno le diera un tapabocas y ella no lo había recibido.

Yo no sé usted cómo reaccionaría ante tal noticia, pero lo que yo tuve fue una lástima enorme por esa mujer. Una gran conmiseración ante la gran pena que ella sufría.

Pero la compasión que ella me inspiraba no era la falta de un tapabocas, sino su falta absoluta de iniciativa. Era una ciudadana apagada.

No se le ocurrió a esa persona, de acuerdo con lo que escuché, ni tampoco al reportero, que se podía usar una tela, un pañuelo, o alguna otra cosa, como sustituto del tapabocas. No había razón por la que debía esperar a que el gobierno se lo diera. Ella podía por sí misma hacer uno, por primitivo que fuese.

La persona podía contagiarse del virus, pero ya estaba contagiada de otra epidemia aún peor, la del virus del reclamo: ése que le hace a uno perezoso y esperar a que el gobierno le dé las cosas a las que se siente con derecho.

La cuestión es muy digna de una segunda opinión y tiene dos elementos.

Uno es la petición o exigencia de algo a una autoridad política. Se le pide al gobierno que haga algo, lo que sea, o como en este caso, que reparta tapabocas.

El otro elemento es la opinión generalizada sobre la falta de calidad en el desempeño de los gobiernos.

Sumando los dos elementos, resulta algo sorprendente: se le está pidiendo a la institución con peor desempeño que se haga responsable de satisfacer las necesidades a las que se califican de derechos.

Es como pedirle a un brujo que nos opere del corazón, o a un ladrón que se encargue de comprar los materiales para construir nuestra casa.

El fenómeno es fascinante y, en buena manera, se trata de la elevación de los gobiernos a instituciones milagrosas: repartidores de favores, como los tapabocas, o los controles de precios, o el gasto deficitario para reanimar a la economía.

Nada tan bueno puede recibir un gobernante como ciudadanos que les piden favores y reclaman derechos: todo eso les da más poder.

Nada tan triste como ver ciudadanos detenidos, inmóviles por decisión propia en espera de que el gobierno llegue a resolver sus problemas. Es como un sometimiento voluntario, una rendición de la libertad e iniciativas propias, que hace perder poder a la persona.

Ante la menor insatisfacción la persona duda en pedir la intervención del Estado. Y, sin embargo, el Estado es la entidad con el peor nivel de desempeño y con las peores calificaciones de eficiencia.

Entiendo como una reacción humana natural que un gobernante vea bien esos reclamos ciudadanos que le dan poder, cada vez más. Después de todo, de eso vive un gobernante, de la acumulación de poder. Esa es la razón de su existencia y la causa de su felicidad.

Pero me cuesta mucho trabajo comprender que un ciudadano común se comporte de una manera tan irracional.

Sabe él que no hay ninguna institución con más bajo desempeño que un gobierno. Ninguna. Pero al mismo tiempo delega en esa mala institución su poder personal para que resuelva sus problemas.

Se da entonces una situación como la del tapabocas y el ciudadano que lo espera pasivamente sin siquiera pensar en hacer las cosas por sí mismo.

El ejemplo es ilustrativo, y por lo pequeño se hace dramático. Ni la persona ni el reportero pensaron en una solución alterna. Los dos se limitaron a quejarse del mal desempeño del gobierno en el que ambos confiaron su salud.

De un mayor tamaño es otro ejemplo actual.

Igual que la persona del tapabocas están actuando quienes aprueban un gasto deficitario gubernamental para remediar los males económicos. Tampoco a ellos se les ocurre que se han quedado detenidos, y que, con pereza absurda, esperan que la peor institución remedie un gran problema.

Post Scriptum

Coincido obviamente con las ideas de W. Humboldt al respecto: la intervención estatal para promover el bienestar aniquila el entusiasmo y la ilusión de las recompensas futuras del esfuerzo personal.

Esto es un deterioro de la fibra moral de la sociedad. Quien está acostumbrado a ser guiado sacrifica su espontaneidad, sus ideas propias y, peor aún, sus nociones del bien y del mal se vuelven confusas. Renuncia a su responsabilidad personal y la delega en quien da las órdenes.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


1 comentario en “Cuidadanos Apagados”
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