Fue una frase bonita. Fue bien dicha. La voz fue cautivadora. La pena fue que su contenido era basura. No es un fenómeno nuevo.

Muchos ciudadanos se empeñan en hacer que el fenómeno se repita una y otra vez.

La frase textual fue la siguiente,

“Hay algunos problemas estructurales en nuestra economía donde muchos negocios han aprendido a ser mucho más eficientes con muchos menos trabajadores… se ve cuando vas al banco y usas una caja automática, o vas al aeropuerto y estás usando un kiosko en vez de checar en la puerta”.

El significado neto es directo, una vez que se pone en un idioma comprensible: la eficiencia con mejor tecnología es un problema estructural de la economía. Interesante tesis de Obama, que fue quien eso aseguró.

Siguiendo la lógica del presidente, lo mejor para resolver esos problemas estructurales sería, por ejemplo, retirar cajeros automáticos y, en general, no tener adelantos tecnológicos.

No es el único que piensa así. Ghandi, por ejemplo, pensaba igual: con máquinas atrasadas todos vivirían mejor. No había por qué cambiar un telar viejo por un nuevo, al contrario.

Igual que la historia en la que alguien pregunta en China por qué al hacer excavaciones no usan excavadoras mecánicas, sino obreros con palas. Le respondieron que con las palas podían emplear más personas, tenían más empleos. Ese alguien les dijo que si querían aún más empleos podían cambiar las palas por cucharas soperas.

Bastiat (1801-1850), el economista francés, se burló de este razonamiento al proponer que para aumentar empleos se prohibiera a los trabajadores usar una de sus manos.

No me adentro en la explicación de cómo la tecnología eleva la productividad y esta mayor productividad beneficia a todos. Recuérdese en viejo ejemplo de los alfileres de A. Smith (1723-1790) y su cálculos de cuántos puede producir una sola persona.

Pero hay algo que si creo que valga una segunda opinión.

No me explico cómo es posible que lleguen a lugares de extrema influencia y gran poder personas que entienden a la eficiencia productiva como un problema estructural, que creen que la tecnología destruye empleos, que el retraso tecnológico es benéfico.

La realidad de gobernantes en todas partes que piensan así, es innegable. Hace muchos años en México, un gobernante habló de negar el uso de robots en el armado de autos en el país para no perder empleos.

Recuerda todo esto los casos en los que algunos egresados de universidades muestran tal ignorancia que uno se pregunta cómo fue posible que la persona pasara por exámenes y los aprobara con el visto bueno de sus profesores.

Es igual que los gobernantes que llegan, por algún proceso misterioso a posiciones de poder, y ya en ellos al hablar muestran que hablan bien, pero dicen cosas sin sentido.

No me lo explico en lo personal, o al menos me cuesta mucho trabajo entenderlo.

Es posible, por ejemplo, atribuir el fenómeno a la estructura de los gobiernos. En ellos no hay parámetros de medición de resultados, como existen en las empresas. Sin poder medir resultados, el desempeño de los gobiernos se “mide” por percepciones, apariencias, oratoria, popularidad.

Y eso atemoriza, porque la popularidad no está asociada con los buenos resultados. Muy posiblemente esté asociada como los malos.

Un gobernante en busca de popularidad es una de las invenciones más dañinas que puede sufrir una sociedad: usará amplios recursos en los proyectos menos útiles y más miopes.

¿Quiere usted ejemplos?

En tres municipios de Nuevo León, en México, sus gobiernos hicieron festejos al día del padre: rifas, torneos, regalos, espectáculos (uno de ellos regaló calcetines).

Obama, con su plan de rescate, hizo lo mismo en proporciones monstruosas. Esto permite ver la pregunta de cómo es posible que lleguen a tales posiciones personas con tan escasa preparación.

¿Otro ejemplo?

Voltee a ver al gobierno griego y su deuda impagable. No hay forma racional de entender tamaña falta del más mínimo de los sentidos comunes… y sin embargo, hay otra cosa más incomprensible aún, se vota por esa gente.

Sí, hay personas que votaron por ellos y que están convencidos de que son buenos, incluso los mejores.

¿La solución? Limitar su poder, impedirles hacer las tonterías que ellos piensan que arreglarán el mundo.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Gobernantes Imperfectos. También en ContraPeso.info: Electorado.

El punto de partida de esta columna fue otra, la de Russel Roberts, Obama Vs. ATMs: Why Technology Doesn’t Destroy Jobs (WSJ, 22 junio 2011).

Esta idea está ligada con la de Fin del Mundo, Otra Causa.

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