Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Nuevo Ciudadano
Leonardo Girondella Mora
2 noviembre 2016
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El régimen político de estos tiempos tiene el nombre oficial de ‘democracia’, un sistema deseable que se piensa debería existir en todas partes —gozando de ella en algunas y siendo una esperanza en otras.

Tengo la impresión muy marcada que debería hacerse un ajuste de nombre al régimen político actual, a eso que suele llamarse ‘democracia’ —como en el Reino Unido, España, EEUU, o Canadá.

En lugar de democracia debería recibir otro nombre, algo como lamentocracia, es decir, gobierno de los lamentos; o podría ser clamorcracia, es decir, gobierno de los lloros. Quizá incluso, comodicracia, el gobierno de la comodidad ciudadana.

Cualquier que sea el nombre de este nuevo régimen político en el que se vive en muchas partes y al que se aspira en otros, tiene él una naturaleza muy propia que es producto del nuevo tipo de ciudadano que se tiene.

Los ciudadanos, muchos de ellos —sorprendentemente buena cantidad de jóvenes— poseen un perfil personal que conduce a ese nuevo tipo de gobierno que ya se tiene.

En lo que sigue repaso algunos de los rasgos, costumbres, expectativas y hábitos de los nuevos ciudadanos que han provocado un cambio político sustancial:

• El hábito y costumbre de la queja continua convertida en un estilo de vida concentrado en la pasividad del quejoso que no considera tener la capacidad de cambiar la más pequeña de las cosas en su vida.

Esto es una parálisis ciudadana creada por la única posibilidad de acción posible de realizar: el lamento y el quejido. La mente del ciudadano no concibe nada en la política que vaya más allá de la queja y la crítica emocional y en el extremo, la marcha de protesta.

• El rasgo de la holgazanería mental que le lleva a rehuir temas centrales y adoptar el confort relativista, por el que supone que no existe la verdad y nadie puede tener la razón.

Recibe y adopta todo eslogan que facilite una respuesta que no requiera pensar —como «debe haber tolerancia», «toda diversidad es buen», «evitar herir sensibilidades» y demás.

• La expectativa de suponer que tiene derecho a todo lo imaginable, lo que le lleva a convertirse en un artilugio que regurgita demandas que imponen obligaciones a otros, pero no a él.

Es un inventor consuetudinario de reclamos incalculables que concibe como algo que le es debido y que merece por el mero hecho de existir.

Un producto de la queja continua y de la holgazanería mental, es un hábito formado que le hace entender que cualquier capricho suyo llega a la altura de tener que ser considerado un derecho justificado.

• Una creencia enraizada de entender los problemas personales como causados por terceros —una conducta continua de echar la culpa a quien sea de lo que sucede, para lo que dispone de una lista muy útil de culpables usuales.

Esto es la renuncia a la responsabilidad personal, una noción que le resulta incomprensible —algo totalmente ajeno a su mente y que le impide relacionar sus actos con sus consecuencias.

• Una expectativa de un mundo feliz y perfecto, en el que nada falla y todo es justo y maravilloso —algo que es posible tener y gozar. Es la esperanza segura en un paraíso perfecto.

Esto es algo a lo que siente tener derecho y que puede reclamar por la vía de cosas como los derechos convertidos en una relación creciente de reclamos.

• Una sustitución del pensar por el sentir, por la que ya no importa la verdad, ni el razonar —lo vital es sentir, tener sentimientos, crearse emociones, guiarse por la sensibilidad, seguir los afectos.

Para el nuevo ciudadano pocas cosas son tan molestas como las preguntas que cuestionan sus ideas —lo que le ha hecho concebir el derecho a zonas de protección, una especie de burbujas académicas que lo aíslan de la realidad.

• Un hábito arraigado de crear utopías que deben imponerse en el resto, que son un conjunto de ignorantes que no saben lo que es bueno para ellos.

Es la creación reiterada de modelos sociales idealistas que deben implantarse sin cuestionamientos y sin necesidad de mayor análisis —especialmente sin el estorbo de quienes desean analizarlos.

• Un hábito de comportamiento agresivo que le hace actuar con rabia e irritación. Una conducta sustentada en la indignación furiosa que conduce a enojos continuos.

Cualquiera que no piense como él le causa enfurecimiento y lo percibe como causa de inseguridad y amenaza personal —lo que le lleva con facilidad a exigir la desaparición de puntos de vista divergentes o contrarios a los suyos, porque eso hiere su sensibilidad.

• La creencia de que todo lo saben y todo lo conocen, lo que les lleva a ser dispositivos emisores de opiniones en el campo que sea —desde Teología hasta Economía, pasando por Historia y Ética, no hay tema en el que no sea experto después de ver el History Channel y un par de noticieros.

Para este ciudadano, muy poco puede haber más allá de un meme, un tweet o un video en internet —los que forman antecedentes suficientes para opinar acerca de todo, exigiendo el derecho a ser escuchado.

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Este nuevo ciudadano, donde él predomine, crea un nuevo régimen —el de la lamentocracia, la clamorcracia, o la comodicracia, como quiera llamarle el lector, el que quizá tenga otro nombre mejor.

Un ciudadano que opuesto a los de tiempos anteriores, ya no lucha por sus libertades, al contrario. Un ciudadano que recibe con los brazos abiertos al gobierno que promete hacerlo feliz y hacerse cargo de él, desde la cuna hasta la tumba.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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