Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Tres Mil Por Ciento?
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Suponga usted que hablando de seguros médicos una persona cualquiera dice que una alguien más

“subió su deducible el año pasado al mínimo [sic], el deducible más alto posible”.

Subir al mínimo más alto posible es algo extraño. Pero supongamos que la misma persona dice otra cosa. Dice la misma persona, hablando del mismo tema, que

“… mucha de esa gente, tu empleador se calcula que vería reducir las primas por hasta 3,000 por ciento [sic], lo que significa que te pueden dar un aumento”.

Otro concepto interesante, que en la rebaja de una tienda significaría que el cliente recibe dinero por comprar la mercancía… si es que es posible reducir más del 100 por ciento.

Las citas, en años anteriores, habrían salido a la prensa en caso de haber sido dichas por Bush. No son de Bush. Son de Obama.

Otra frase similar vino de Nancy Pelosi (la legisladora demócrata en EEUU). Dijo ella que

“tenemos que aprobar la ley [de reforma de salud] para que ustedes puedan saber lo que hay en ella”.

Es otra idea interesante: aprobemos una ley a ciegas para que una vez aprobada conozcamos lo que ella manda. Es toda una revolución en el concepto de la democracia, esto de votar sin tener información. La cuestión no queda allí. Obama explicó por qué en otra parte, al decir,

“No sé de la política. Pero sé lo que es correcto”.

Es un buen ejercicio pensar en la reacción de haber sido Bush el que eso dijo.

En la visión superficial, la reacción inicial es comparativa y por eso, superficial. Las mismas frases absurdas de todo gobernante reciben tratamientos distintos dependiendo de quién las dice. Si Bush hubiera dicho algo como lo que dijo Obama, habría habido un pequeño festín de medios burlándose. Las dijo Obama y el festín se canceló.

Pero lo que ya no es tan superficial es lo que sucede en ambos casos, incluyendo a Pelosi. Han dicho cosas realmente dignas de notarse. Como cuando Bush dijo,

“Prometo que escucharé lo que aquí se ha dicho, aunque no haya estado aquí”.

Dentro de todo esto conviene recordar otra frase. Pero no es una frase de un político, sino de Mark Twain, que dirigiéndose a una persona le dijo,

“Suponga que usted es idiota y suponga que usted es miembro del Congreso. Pero estoy siendo repetitivo…”.

Más aún, hay otra frase que viene a cuento,

“Las más grandes armas son la verdad y la buena educación, y todo el mundo sabe que para entrar a oficinas de gobierno no se permite ir armado”.

En todo esto, existe además algo no sencillo de ver y que es el común denominador de lo dicho hasta ahora. Es lo que une a Obama con Bush, pero también con el resto de los políticos. Tienen rasgos en común y creo que uno de ellos es relativamente fácil de señalar: dicen muchas tonterías, lo que es un indicio que causa temor por lo que significa. Pero sobre todo, ellos quieren estar en una posición de poder e influir en la conducta del resto.

Entre una carrera en el sector privado y una carrera en el sector público, optaron por el público. Lo seleccionaron porque para ellos era mejor por alguna razón. El sector público tiene varias características únicas. En él las evaluaciones de desempeño son mínimas y la rendición de cuentas también.

El sector público, más aún, conforma la única institución dentro de un país que tiene poder legítimo para usar la fuerza y sus órdenes son obligatorias para el resto de la gente. Quien tenga ideas sobre cómo deben comportarse los demás e imponer sus proyectos en otros, tiene en el gobierno un puesto ideal. Recuerde a Chávez y la imposición de su socialismo-narcisismo, como lo calificó A. Oppenheimer.

El problema, entonces, es el de una amalgama de dos rasgos sobre la que se cimienta el gobierno: la atracción de personas con ambiciones de imponer sus ideas y la mínima rendición de cuentas. El resultado es la atracción de personas sin sentido de responsabilidad para ocupar puestos de gran responsabilidad. Es un problema de diseño de gobierno.

De una manera o de otra, en gran cantidad o en pequeña, la gran mayoría de los que ambicionan tener una carrera en el sector público son atraídos a ella por su ambición de poder y la baja rendición de cuentas.

¿Talento? No es necesario, sólo sagacidad para enfrentar a otros como él. ¿Prudencia? La virtud no es siquiera comprendida. ¿Honestidad? Podría ser un estorbo. ¿Conocimientos? No, lo que se necesita es popularidad.

Post Scriptum

La frase en inglés fue “she upped her deductible last year to the minimum [sic], the highest possible deductible”.

La frase del 3,000 por ciento fue reportada aquí y más tarde corregida a 3,000 dólares. Sin embargo, otro reporte reitera esa expresión y señala como una de las cadenas dominantes la ignoró poniendo atención en errores similares de otra persona:

Last week when President Barack Obama cited an impossible “three thousand percent” price reduction and referred to a woman who “upped her deductible…to the minimum,” ABC’s World News didn’t utter a syllable about it, but in a Friday story on Sarah Palin headlining a John McCain campaign event in Arizona, ABC’s David Wright found it somehow newsworthy to remind viewers Palin made verbal miscues in 2008 — as if those are what doomed McCain’s presidential campaign.


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