Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En mi Mundo sí Funciona
Eduardo García Gaspar
15 noviembre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia fue interesante. Uno de los precandidatos del PRI a la presidencia de México declaró que respalda totalmente al dirigente de ese partido.

El problema es que Peña Nieto apoya a H. Moreira, y éste es responsable de mentiras y malos manejos financieros cuando fue gobernador.

La situación de Peña Nieto no es nueva. Tampoco la de Moreira. Es un rasgo constante de los gobernantes. Una parte de su personalidad.

Me refiero a la terquedad miope. En una situación normal, cualquier candidato se alejaría de otro sobre el que pesaran tan fuertes acusaciones. Lo haría por una razón, apoyar al sospechoso le costará votos. Alejarse de él lo haría ver mejor y ganaría simpatías.

El otro renunciaría para evitar dañar a su partido en las próximas elecciones. Comprendería que él se ha convertido en una carga demasiado pesada.

¿Por qué se cometen actos tan miopes? La respuesta es la terquedad. Hay algo en las posiciones de gobierno, algo que modifica al sentido común, que entorpece a a la razón.

No sé muy bien como llamarle, pero es como si el gobernante dejara de tener lógica, como si ya no entendiera la realidad. Estando en su posición, además, la conducta lógica de H. Moreira habría sido renunciar. Y sin embargo, no renuncia, al contrario, declara ser él la víctima. Peña Nieto no se distancia de él, al contrario, se acerca.

La terquedad mostrada en los dos casos no es excepcional. En más la regla de los gobiernos.

El tema bien vale una segunda opinión para mostrar ese rasgo de empecinamiento. Es como un impedimento al uso de la razón, al aprender de la experiencia. Tome usted, por ejemplo, el caso de la política económica que dice que crecer el gasto gubernamental es bueno para la economía.

No importa que se haya demostrado una y otra vez que esa política conlleva grandes riesgos y da escasos resultados. La realidad para muchos políticos no importa. En el mundo virtual que crearon para sí mismos, esa política funciona y la implantarán una y otra vez. No importan las evidencias. No importa la realidad.

Tome usted al caso de Pemex, un monopolio estatal mexicano, mal administrado, robado, que ha creado un sindicato corrupto y distorsionado las finanzas públicas. Lleva décadas así, sin cambio y, lo peor, sin posibilidad clara de de desaparecer. Las evidencias no importan. La realidad está por demás. Los datos confunden.

La idea en el inicio de la implantación de una mala política es justificada por ideas abstractas, como soberanía nacional, honor patrio, bien público y la letanía usual, generalmente sustentada en que todo se justifica si la intención es buena.

Y en las etapas siguientes, el fracaso no importa, la política se mantiene contra viento y marea. No hay aprendizaje. Hay terquedad en un mundo inventado e irreal.

Tome usted a los casos de Grecia, Italia, España y en general los gobiernos con deudas y déficits irracionales. Ninguna de esas situaciones se crearon de la noche a la mañana.

No se amaneció hoy con una deuda pública de 15 billones de dólares, cuando ayer se tenía un superávit. Fueron años continuos de la aplicación de una política fallida, insostenible, que abarca varios gobernantes de diversos partidos. En el mundo imaginado la deuda pública era ilimitada.

Los casos de Peña Nieto y H. Moreira son dos de muchos, constantes y frecuentes, encontrados en todas partes y en todos los tiempos.

¿Por qué porfiar en una decisión que daña a la misma persona que la mantiene? La respuesta más atinada, pienso, viene de hace siglos.

Es el orgullo, el mayor de todos los pecados. La obsesión ilimitada consigo mismo. Tan posesionada de su misma la persona que ella se convierte en la realidad única e incuestionable.

El Cristianismo lo ilustra en el caso del ángel rebelde, tan orgulloso que se rebeló contra la realidad. Puede verse como la adoración de uno mismo. Como el dejar de reconocer la superioridad de Dios.

En el caso de la persona no religiosa, se vería como el dejar de reconocer la realidad, las evidencias, las pruebas de una equivocación propia.

El orgullo crea mundos virtuales en los que las decisiones propias son las más atinadas siempre, sin excepción. Esos mundos imaginados sustituyen a la realidad, a la que no reconocen y niegan.

Es eso de “no me molestes con los datos”. La soberbia tiene el efecto de crear un sentido de seguridad absoluta en la persona, una seguridad inconmovible y que hace permanecer en el error incluso a pesar de ser dañado en lo personal.

Al final de cuentas, no es más que el menosprecio total del resto, a esos a los que se piensa debe gobernarse porque son unos incapaces.

Post Scriptum

En su acepción religiosa hay una buena explicación del orgullo aquí y que tiene aplicaciones a la vida diaria incluso del no religioso.

El viernes 2 de diciembre fue anunciada la renuncia de H. Moreira como cabeza del PRI, argumentando éste una “campaña mediática” en su contra y en bien de su partido.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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