Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opiniones de Gente Normal
Eduardo García Gaspar
25 enero 2010
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Dentro del tema de la ineptitud normal de los gobernantes, he hecho por años una breve e informal investigación que comparto con usted. La información viene de una infinidad de conversaciones con personas normales (sin cargos de gobierno) en las que el tema ha sido el desempeño de la clase política.

El primero y más obvio de los hallazgos en mi investigación es el de un acuerdo general sobre la extrema baja calidad de los gobernantes. Aunque las personas están dispuestas a aceptar logros positivos de sus gobernantes, la frecuencia de la mención de sus fallas es superior, muy superior. Quizá en proporción de un acierto por nueve quejas.

Las quejas sobre los gobernantes son de dos grandes tipos.

• Uno de ellos corresponde a su capacidad mental, capacidad profesional y en general, inteligencia.

• El otro es el de la honestidad, o visto del otro lado, corrupción y aprovechamiento indebido de sus posiciones de poder.

Es notable el poder diferenciar esos dos aspectos. Las personas fueron muy capaces de hacer esa distinción de manera muy clara.

Y, dentro del aspecto de su capacidad profesional, inteligencia, discernimiento, o como usted le quiera llamar, en las conversaciones en las que he participado, las personas también hacen una distinción clara de dos facetas de esa capacidad mental del gobernante, que es el segundo gran hallazgo en mi investigación.

Las personas a las que he escuchado en decenas de conversaciones, hacen diferenciación doble sobre las capacidades de los gobernantes:

• No piensan que los gobernantes sean tontos, ni posean una discapacidad cerebral notoria. Al contrario, tienden a opinar que los gobernantes son listos, sagaces, astutos y perspicaces… pero que lo son para lograr sus propios beneficios personales. Incluso hasta se les admira por estas cualidades y sus sutilezas taimadas.

• Al mismo tiempo que se les considera que poseen esa sagacidad muy superior al promedio, resulta curioso que se les asigne también una capacidad mental mínima para tomar decisiones gubernamentales adecuadas al bien de la nación. La lista de errores cometidos por los gobernantes no tiene límite.

Esto llama la atención poderosamente. Simultáneamente se les admira por astutos para acumular poder personal, lo que revela un grado avanzado de capacidad mental… también se les ve como unos ignorantes absolutos para entender las más sencillas ideas acerca del funcionamiento de la realidad en la vida normal de los ciudadanos.

Por supuesto, mi investigación del tema no es posible de proyectar a toda la población, pero lo que sí es interesante es lo razonable que parecen sus resultados básicos: el marco analítico que ellos proveen. La diferenciación entre capacidad mental y corrupción llama la atención, pero lo hace mucho más la distinción entre los dos niveles de inteligencia gubernamental.

Separar a la astucia que poseen para avanzar personalmente de su incapacidad mental para entender a la sociedad a la que gobiernan, me parece, es una idea muy sutil. No es que las personas reconozcan explícitamente esos dos niveles, pero sus conversaciones lo hacen con claridad.

Hubo, sin embargo, un tercer hallazgo que es muy decepcionante en mi investigación.

Si bien las personas tuvieron capacidad para desarrollar las ideas mencionadas antes, muy pocas de ellas fueron capaces de ir más allá de tener opiniones sobre los gobernantes, sus fallas y lamentables decisiones.

Casi todas las personas están inclinadas a creer que las fallas que encuentran en los gobernantes se remediarían con la elección de nuevos gobernantes sin esas fallas. Es decir, colocan sus esperanzas de solución en el encuentro de nuevos políticos sin esas discapacidades. No han asimilado aún el hecho de que sus quejas sobre los gobernantes han sido las mismas durante años.

No han meditado sobre la realidad de que todos los gobernantes de los que se han quejado, padecieron los mismos defectos. Casi todas las soluciones que conciben las personas con las que he hablado se centran en el descubrimiento de gobernantes honestos e inteligentes, que tomen medidas inteligentes.

No han llegado a la conclusión más obvia y que establece que la búsqueda del gobernante ideal es una misión imposible. No existe tal persona. Pero esas personas parecen no haberse dado cuenta de esto y se detienen antes de la gran conclusión que es obvia.

Una de esas personas resumió bien esta falla de razonamiento cuando dijo, “si cambiáramos de presidente y pusiéramos otro que fuera capaz, los problemas se solucionarían”.


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