Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Defendiendo la Autonomía
Eduardo García Gaspar
25 agosto 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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La persona que hablaba era una de las que usan palabras de muchas sílabas, como si ellas le diesen más credibilidad. Empleó el término subsidiariedad no sé cuantas veces y de tal manera que nunca supimos bien a bien de qué se trataba.

No es una mala idea precisar el significado de esa palabra, porque a ella le sucede lo que a muchas otras. Cada quien las emplea como quiere, cambiando su significado según las propias opiniones. Subsidiariedad es una idea relativamente sencilla.

Consiste en un principio de autonomía personal y que establece que una entidad de orden superior no debe interferir en lo que hace otra entidad de orden inferior, cuando esa interferencia anula o limita las funciones de la segunda. Puesto en palabras más llanas, subsidiariedad tiene una definición clara, el no meterse en los asuntos que otros pueden atender y son capaces de hacerlo.

En todo caso, lo que la entidad superior puede hacer es ayudar a la comunidad inferior a que ella se valga por sí misma. En política esto puede verse con cierta claridad: un gobierno estatal no debe anular la autonomía de un gobierno municipal y un gobierno federal no debe anular la autonomía de los gobiernos estatales.

Si lo pongo en otro terreno, las cosas se aclaran aún más: debe dejarse a usted en libertad de valerse por sí mismo sin permitirse a otro con mayor autoridad a interferir en sus propias decisiones. La subsidiariedad es otra manera de hacer valer a la libertad y defenderse de ataques de otros. Y tiene como base una idea vital: las personas tenemos libertad y capacidad de razonar.

La persona que tanto hablaba de subsidiariedad la confundió a veces con solidaridad, que es otra cosa muy distinta. Quienes hablan de la subsidiariedad en su sentido real se acercan mucho a la vieja idea del dejar hacer (laissez faire), cosa que no suele agradarles, aunque ambas ideas se parecen mucho.

Las dos expresiones, laissez faire y subsidiariedad, contienen un principio igual del que parten, la no interferencia en los asuntos ajenos por medio del poder superior de uno sobre otro. Debe dejarse libre a la persona y a quienes libremente se asocian de atender sus asuntos sin que por poder lo impida otra.

Pongo un ejemplo extremo, de los que ayudan a entender conceptos. Usted y sus amigos se ponen de acuerdo para verse todos los jueves y jugar póquer de las ocho de la noche hasta medianoche. Se violaría la subsidiariedad si, por ejemplo, un burócrata los obligara a reunirse los martes de cinco a siete de la tarde y jugar… alegando que lo hace por su bien.

Esa es la interferencia de la que hablo. Usted y sus amigos son los que mejor pueden decidir muchas cosas y lo harán seguramente mejor. Si el burócrata interfiere sólo lo podrá hacer por la vía del poder: pondrá una patrulla para impedir que se reúnan los jueves. Esto es lo que la subsidiariedad pide que no se haga.

La entidad de poder superior no debe interferir con la entidad de poder inferior, retirando de ella sus funciones y capacidades, forzando actos que de otra manera no se harían. En todo caso, la entidad de poder superior deberá ayudar a la de poder inferior a ser autónoma y coordinarse con el resto de las personas y entidades.

Una vez aclarado lo anterior, apunto una situación llamativa. Otra persona, de profundas creencias cristianas, un defensor acérrimo de la subsidiariedad. Cuando le he manifestado mi acuerdo con su idea, se alegra indeciblemente. Pero pone una cara de enorme contrariedad, cuando le digo que en el fondo es la misma idea capitalista de laissez faire.

Se pone furioso cuando eso hago y lo niega absolutamente. Esta reacción no es aislada. Muchos de los que se oponen a las ideas capitalistas o liberales, sostienen esas mismas ideas con otros nombres. Es un fenómeno realmente fascinante, el de los efectos que producen dos expresiones que significan cosas muy parecidas. Una es odiada y la otra, alabada.

Sea lo que sea, podemos acordar que subsidiariedad es el principio que señala que una entidad de mayor poder no debe interferir con una de menor poder, privando a esta última de su capacidad de actuar y decidir por sí misma, y que en todo caso, lo que debe hacer la entidad de mayor poder es ayudar a preservar esa autonomía de la entidad de menor poder.

Post Scriptum

Una buena aplicación de subsidiariedad es un mercado libre: dos personas se ponen de acuerdo en el precio de compra-venta de un bien y deciden por sí mismos. Si entrara un gobierno a regular el precio del bien, se violaría el principio de subsidiariedad.

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