Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opciones de Consumo
Eduardo García Gaspar
15 julio 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tiene una buena lógica. androjo

Es razonable y, lo mejor, es de sentido común.

Comienza con una realidad diaria: es imposible dejar de decidir.

No puede detenerse nuestra cadena de selecciones.

Lo hacemos a diario, cientos de veces, incluso sin darnos cuenta.

Seleccionar o decidir es optar por una de varias alternativas posibles. Entre leer esto y hacer otras cosas. Entre quedarse en la cama u optar por otras alternativas. Entre estudiar o realizar otras actividades.

Darse cuenta de esto es adelantar mucho en los pequeños secretos del logro de la prosperidad.

Piense usted en esto. Digamos que usted tiene una necesidad, quiere hacer algo, por ejemplo, tomar una cerveza en un día caluroso.

Usted ha optado por hacer eso entre varias otras alternativas, como no tomar nada, tomar agua, refresco, limonada y otras más. Eso le ha ayudado. Usted ha seleccionado una entre múltiples opciones.

Y ahora que ha decidido tomar la cerveza, será en beneficio de usted enfrentar alternativas abundantes de marcas, tipos y tamaños.

La lección es clara: el número de opciones entre las que se selecciona eleva la probabilidad de satisfacción personal. Si el número disminuye, también baja la satisfacción.

Esto puede verse bien en un caso en México. Digamos que usted ha decidido comprar un automóvil. Ahora usted puede escoger entre una amplia gama de posibilidades, tipos, marcas, modelos, nacionalidades.

Eso es bueno, le permite a usted acomodar el coche a sus necesidades propias.

Pero, si usted quiere ponerle gasolina al coche que ha comprado, solamente hay una opción, la gasolina del monopolio estatal. Usted viviría mejor si pudiera tener una variedad de marcas y tipos de gasolina, pero nada más hay dos tipos y las dos son de ese monopolio.

Concluyendo, el número de opciones que están disponibles para satisfacer las necesidades de usted tiene un efecto positivo en su propio bienestar. Disponer de diez opciones es mejor que disponer de dos o de una. No es complicado y tiene consecuencias.

Significa que una buena política económica es la que promueve la ampliación de alternativas de compra y lo opuesto. Una mala política económica es la que reduce esas opciones.

Un ejemplo más. De nuevo un caso mexicano. Hace ya varios años, se prohibía la importación de automóviles. Había unas pocas opciones locales, caras y de mala calidad.

Al abrirse las fronteras, aumentó el número de opciones y la gente tuvo disponible más calidad y mejores precios.

Cuando tenemos frente a nosotros numerosas alternativas de compra, sucede algo fantástico: sus fabricantes comienzan a hacer cosas para convencernos de comprar lo que ellos producen. Bajan precios, hacen innovaciones, mejoran modelos, aumentan calidad.

Un amigo define esta situación diciendo que “es como tener a varias guapas mujeres corriendo detrás de uno suplicando tener una cita con nosotros”. No está mal la metáfora.

Piense en esto: el talento de S. Jobs y toda la gente de Apple al servicio de usted y quizá usted se dé el lujo de decirles que no.

Cambiemos y supongamos que usted es ahora un gobernante que tiene que decidir cómo hacer prosperar a la economía de su país. De acuerdo con lo anterior, usted ya sabe algo: fomentar el aumento de opciones de compra. Es algo importante porque le presenta una paradoja.

Siguiendo un razonamiento superficial y primitivo, usted podrá pensar que para mejorar a la economía, quizá convenga fomentar la demanda: poner dinero en manos del comprador para que pueda él comprar más.

Pero resulta que si tiene pocas opciones de compra o ninguna, el bienestar personal no aumentará tanto ni tan sólidamente como pudiera.

En cambio, si usted se olvida de colocar dinero del lado de la demanda y toma medidas para fomentar la oferta, entonces crecerá el número de opciones de compra. Y así todos mejorarán. Hay en esto algo que intuitivamente no es fácil de aceptar.

¿Quiere usted como gobernante mejorar la vida de la gente, de consumidores y compradores? Olvídese de darle incentivos al consumo, que es la primera opción en la que se piensa.

Medite un poco y verá que lo mejor es facilitar el trabajo de los que producen y ellos serán los que se encarguen de satisfacer al comprador.

Una vez explicado no es difícil de entender. Yo, por ejemplo, disfruto enormemente el hecho de que muchas empresas trabajen para que yo viva mejor.

Disfruto sabiendo que los de Heineken trabajan para mí, igual que los de Apple, los de Mazda y otros más. Y a ellos los tengo amenazados: si me fallan puedo ir con otros.

Todo comenzó pensando en lo conveniente que resulta tener muchas opciones de consumo y entre ellas escoger la que uno quiere. Y terminó entendiendo que lo que conviene hacer es facilitar la producción de esas opciones de consumo.

Post Scriptum

Estas consideraciones de mero sentido común y sin cargas ideológicas, suelen pasar desapercibidas, lo que va más allá de mi comprensión.

Por ejemplo, una y otra vez en todas partes y lugares se hace lo opuesto: se promueve el consumo y se obstaculiza la producción (como estimular el apetito y reducir la comida).

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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